Por: Hernán González Rodríguez

Opiniones inquietantes

Hace unos pocos días que retornaron a los niveles previos a la crisis hipotecaria del 2007 los indicadores más importantes de los mercados de valores estadounidenses, el Dow Jones y el S&P.

En un artículo publicado recientemente en The New York Times por el exsenador republicano y exjefe de presupuesto del presidente Ronald Reagan, señor David A. Stockman, considera que en lugar de festejar la noticia, sus compatriotas deberían estar muy preocupados por las razones a continuación.

“Durante los últimos 13 años, los mercados de valores han colapsado dos veces y bordearon la recesión. Los ciudadanos estadounidenses perdieron 5 billones de dólares de los de doce ceros en la crisis de las .com en el 2000 y otros 7 billones durante la crisis hipotecaria de 2007. Tarde o temprano, dentro de pocos años, me atrevo a vaticinar la explosión de esta nueva burbuja de Wall Street, por culpa de las emisiones sin respaldo de la Reserva Federal”.

“Desde cuando los indicadores aludidos alcanzaron su nivel actual por allá en marzo de 2000, las imprentas de la Reserva Federal –FED- han multiplicado por seis la base monetaria, al pasar de 0,5 billones a 3,2 billones de dólares de los ya definidos. La producción ha crecido, entre tanto, en promedio 1,7% por año. El número de personas ocupadas se ha incrementado anualmente en el imperceptible 0,1%. Las inversiones de las empresas han crecido el 0,8% por año. El ingreso promedio por familia ha caído 8% por año. El patrimonio del 90% de la clase media se ha rebajado en un 25%. Uno de cada cinco estadounidenses, 59 millones, se alimentan por medio de los cupones de las estampillas”.

“La economía de los ciudadanos del común se deteriora, mientras Washington crea y apila deudas sobre nuestros hijos. Mientras vacilan entre el gobierno pendenciero, el gobierno asistencialista y el que solo piensa en aumentar los impuestos para pagar sus gastos. La FED les colabora imprimiendo moneda; pero esta liquidez, en lugar de forzar a los bancos a prestar y a las corporaciones a gastar, ha permanecido ahorrada en Wall Street, inflando otra inestable burbuja”.

“Completamos ya varias décadas suavizando los ciclos económicos, minimizando la inflación y el desempleo, promoviendo la propiedad de las viviendas, subsidiando la salud, lanzando salvavidas a los bancos, a las automotrices, a Wall Street y al sector agrícola. Y aún no nos hemos dado cuenta de que el estado keynesiano se quiebra, se paraliza y muta en capitalismos degenerados”.

“Los culpables son tanto los republicanos como los demócratas. Aun cuando la práctica de imprimir moneda sin respaldo en oro se inició en 1933 con Franklin D. Roosevelt para salir de la Depresión de 1929. En forma paradójica, la Segunda Guerra Mundial resultó ser más efectiva que las emisiones de Roosevelt para superar tal crisis”.

 

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