¿Oportunidad a la política o redefinición de la política?

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En respuesta al editorial del 16 de agosto de 2020, titulado “¿Y si le damos una oportunidad a la política?”.

Sin duda alguna, la medida de aseguramiento contra el expresidente Álvaro Uribe Vélez ha reconfigurado el panorama político en el país. Tanto así, que los sectores políticos hegemónicos -como aquellos que no lo son tanto, pero que, en efecto, buscan serlo-, van constituyendo un imaginario político, en el que, al parecer, todos estamos implícitamente: la polarización. Ciertamente, el editorial pasado no solo legitima la existencia de dicho proceso de polarización, sino que además lo ubica en un sentido “irracional” y hace un llamado casi angelical a la unidad y al cese de las divisiones y facciones.

Cabe resaltar que la polarización, como ejercicio de opuestos en la política, ha sido perjudicial, especialmente en el contexto colombiano, donde los extremos han sido los ejes promotores de la violencia y la guerra por más de medio siglo. Pero sostener y, además, reproducir el discurso de la polarización implica el desconocimiento mismo de la política. En este sentido, el estudio de la ciencia política, una de sus funciones es precisar el análisis del conflicto, pero también sus formas de resolución y más actualmente de transformación. Esta última característica permite la generación de propuestas alternativas, de desajustar las lógicas de amigo-enemigo, así como la legitimación de la diferencia como parte elemental de la democracia.

A la par, es fundamental clarificar que la política no se agota en los marcos estatales o institucionales; la política no es lo que hacen los políticos. Aducir que Colombia se encuentra en un contexto de polarización trae consigo reproducir la dinámica de cierto profesionalismo de la política, reducida a la actividad estatal e institucional, a las proclamas de los partidos políticos y sus voceros, a ciertos sujetos que han usurpado no solo la definición de la política y de su ejercicio.

Mientras que la reproducción del discurso sobre la polarización en Colombia constituye una definición de política de extremos, y además binomios, el discurso de los profesionales de la política brinda de paso la solución: un “centro” donde supuestamente el conflicto cesa y donde la reconciliación aparece como la panacea, siempre dentro de los engranajes del establecimiento. Pero, ¿solo hacen política los políticos?

No se trata de darle una oportunidad a la política en Colombia, sino de redefinirla, de posicionarla como un ejercicio plural, que no se limita al campo de las instituciones, sino que, por el contrario, las desborda, donde la diversidad desajusta los extremos, donde la sociedad civil, como arena política no estatal y como la real comunidad política, participa, decide, crea, resiste y reexiste. Reproducir sin alguna crítica o reflexión el discurso sobre la polarización en el país es limitar la capacidad de la acción política de la sociedad colombiana.

Observo a los estudiantes exigiendo matrícula cero, a los médicos pidiendo mejorar el sistema de salud, a los ciudadanos que se les garantice una renta básica para solventar la crisis acentuada por el COVID-19. No, ahí la tal polarización no existe, la política, sí.

* Licenciado en ciencias sociales, magíster en investigación social interdisciplinaria, miembro del Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión.

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