Por: Luis I. Sandoval M.

Oportunidad perfecta

Titulares, encuestas, editoriales y columnas de opinión han concordado en lo que Semana llamó la tormenta perfecta.

Se hace alusión así a dificultades, o percepción de dificultades, no al reconocimiento de situaciones políticas complejas y graves. Yo pienso, con perdón de muchos, que la tormenta no es solo una agitación en la superficie sino la manifestación de algo más hondo, de algo que tiene que ver con la crisis perfecta en que el país está instalado desde hace rato y que ello permite hablar, con un enfoque creativo de la política, de oportunidad perfecta.

Tormenta perfecta. Da la impresión de que todo falla. No es de ahora, esa “percepción” viene produciéndose desde la Cumbre de las Américas en Cartagena (abril 2012), pasa por el impacto del Fallo sobre San Andrés (noviembre 2012) y comprende hechos más recientes: las locomotoras no avanzan, tienen más prensa las acciones militares del conflicto que los progresos en La Habana, la oposición obstruccionista de Uribe parece imparable, los partidos se fragmentan y alejan de la gente, se multiplican las protestas sociales, la reparación a las víctimas y la restitución de tierras avanzan con lentitud exasperante sometidas a enormes riesgos… El Presidente sigue descendiendo en las encuestas.

Crisis perfecta. Las manifestaciones señaladas no son de hoy, se repiten con peculiaridades propias de una coyuntura en otra, sacando a flote problemas de índole económica, social, política y aún cultural que el país no ha solucionado por décadas. Las manifestaciones son recurrentes la crisis permanente. Los desequilibrios sociales son los más protuberantes, entre ellos la brecha campo ciudad. En virtud del modelo económico son crecientes el enriquecimiento desmedido de unos pocos y el empobrecimiento extremo de muchos. Funcionan regularmente las elecciones, pero la sociedad no está representada en los partidos, ni la política tramita el conflicto social.

Oportunidad perfecta. En algún momento hay que decidirse a atacar las causas subyacentes y no solo los epifenómenos transitorios. Dado que la crisis no se reduce al conflicto armado, el acuerdo con las insurgencias políticas avanza enormemente en la solución de la crisis pero no es la solución completa, mucho queda por hacer. Nos hemos movido hacia el Estado multicultural, pero no hemos transitado al Estado plurinacional como ya lo han hecho Bolivia y Ecuador. El pacto fundacional no es aún suficientemente incluyente. Está pendiente la reforma del Ordenamiento Territorial, la reforma de las Fuerzas Armadas, el Estatuto del Trabajo, la capacidad de intervención del Estado para defender los recursos naturales frente a las empresas multinacionales, los derechos de la naturaleza, nuevas garantías para el desarrollo de partidos, movimientos, sindicatos y asociaciones ciudadanas. Un salto político es posible con ocasión de la paz.

Colombia e Islandia. La imaginación política es necesaria para producir innovaciones políticas. Ejemplo cercano Medellín que acaba de ser galardonada, ejemplo lejano Islandia que ante la crisis en 2008 enjuició a los banqueros, destituyó el gobierno, no pagó la deuda, dejó a un lado las recetas del FMI y ahora hace una Constituyente para tomar un curso consistente hacia el futuro. Una movilización sostenida de 14 meses y la más amplia participación ciudadana hicieron posibles estas metas. Las crisis en democracia se superan no restringiendo sino profundizando la democracia.

Pasos arriba… abajo... Para que haya cambios se necesitan agentes de cambio. El Gobierno del Presidente Santos ha tomado importantes iniciativas de cambio, pero se ha quedado a medio camino en casi todas y no ha tomado en cuenta otras planteadas desde abajo. Es preciso que se encuentren y redimensionen el reformismo desde arriba y el reformismo desde abajo. La oportunidad es perfecta.


<[email protected]>

Buscar columnista

Últimas Columnas de Luis I. Sandoval M.