Oportunismo

Las crisis generan oportunidades de todo tipo, dado que alteran y constriñen la acción política, económica y social habitual, y fuerzan la adopción de comportamientos alternativos. Aunque sea obvio, el oportunismo encuentra en este tipo de contextos terreno fértil para que distintos actores estatales y no estatales aprovechen el desconcierto y el miedo de las ciudadanías para implementar agendas egoístas y contraproducentes que bajo otras circunstancias serían inimaginables. Además de producir mayor deferencia hacia los tomadores de decisiones, las crisis provocan cautela a la hora de criticar a estos a riesgo de que las personas sean etiquetadas de apátridas o incluso de ¡oportunistas! Para la escritora y activista Naomi Klein, se trata de un guion familiar —que ella denomina la doctrina del shock— que se ha empleado en el mundo en casos de guerra, desplome financiero, desastre natural y pandemia. Algunos ejemplos puntuales ilustran las variadas formas adoptadas por el oportunismo político en la coyuntura actual.

En Brasil, Bolsonaro busca introducir legislación nueva —considerada inconstitucional e ilegal por muchos juristas— que facilita la expropiación de tierras protegidas en bosques y reservas indígenas de Amazonas. Si bien es común la práctica de mineros, madereros y ganaderos de quemar y ocupar el territorio con miras a consolidar un control de facto, el aval explícito del presidente ha generado aumentos alarmantes en las tasas de deforestación en lo que va de 2020. De forma similar, Trump ha aprovechado para relajar o suspender múltiples leyes estadounidenses de protección ambiental relacionadas con las emisiones y la eficiencia del combustible de los automóviles, el manejo del mercurio y otros contaminantes, y la contaminación aérea.

En el caso de Israel, el acuerdo de coalición suscrito entre Netanyahu y Benny Gantz permite presentar para aprobación del parlamento un acuerdo que el primer ministro aspira a suscribir con EE. UU. sobre la “extensión” de la soberanía. Se trata de la anexión —ilegal a la luz de la normatividad internacional— de una porción significativa de Cisjordania. Trump ha dado señas de aprobación, toda vez que debe asegurar el voto evangélico proisraelí en las elecciones; sin embargo, la medida no solo marginaría a la Unión Europea, el Partido Demócrata, los líderes del mundo árabe y la izquierda en Israel, sino que sería una sentencia de muerte para la “solución de dos Estados” con Palestina.

Por su parte, Modi utiliza la crisis en India para profundizar su política de estigmatización y deshumanización de las poblaciones no hindúes, en especial la musulmana, la cual ha sido víctima de actos crecientes de violencia por ser también responsabilizada de esparcir el virus. Si bien la lógica oportunista tras la nueva “Bahía de Cochinos” en Venezuela es menos clara, dada su torpeza y evidente contraproductividad, el hecho de que haya sido orquestada por un exmilitar estadounidense convertido en mercenario, con el aparente beneplácito del equipo de Guaidó y el conocimiento de Colombia y Estados Unidos, sugiere alguna combinación de interés económico y desespero político.

Adicional al asomo preocupante de actitudes y prácticas autoritarias, las expresiones de oportunismo que se observan aquí sugieren que el peligro no radica solamente en las crisis, sino también en las respuestas que ellas posibilitan. Hacer visibles estas dinámicas para poderlas cuestionar y suplantar también es una alternativa.

 

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