Por: Columnista invitado

Oposición al cambio

Por: Alberto López de Mesa

El uso de la corbata como prenda formal se inició en el siglo XIX y en occidente se impuso como moda después de la Primera Guerra Mundial impuesta por la industria textil inglesa, luego se globalizó su uso al punto que ya es accesorio del atuendo formal y de gala en casi todas las culturas. En los años 60 con la revolución cultural del hipismo las generaciones rebeldes se liberaron parcialmente de la corbata, pero dicha rebeldía no determinó la abolición del accesorio porque primó, más que el gusto oficial, la industria del vestido formal masculino organizado en su producción y su mercadeo a partir de dicha prenda.

En el área del transporte terrestre de pasajeros y de carga, el sentido común indicaría que los trenes son los vehículos más eficientes, sin embargo, en Colombia se acabó el transporte férreo y ya no se escucha que gobernantes o diputados propongan el ferrocarril en sus proyectos de desarrollo y no es por ignorar las ventajas de los trenes sino porque, con toda seguridad, los políticos que se oponen al necesario cambio, han sido favorecidos por los monopolios del transporte y del combustible o tienen intereses o acciones en el negocio de la movilidad. Cambiar vías por rieles, buses y camiones por trenes y gasolina por electricidad puede convenir al progreso pero no al negocio de los actuales dueños del transporte.

En las postales de ciudades tradicionales europeas se aprecia la arquitectura y el paisaje sin las máculas de los postes y las redes eléctricas, al contrario en nuestras ciudades la maraña de cables atravesando las fachadas y el cercado de postes invadiendo los andenes se asume como la normalidad y la contaminación visual ya está integrada al paisaje urbano, intentar cambiar esa forma de distribuir la energía, proponer una redificación subterránea, implica enfrentarse a los comercializadores que no querrán aumentar los gastos operativos canalizando la redificación ni perder el negocio de los postes.

Mas oposición tendrán las propuestas que invitan a cambiar los hábitos energéticos, que proponen remplazar el uso de combustibles fósiles por energías limpias, porque se enfrentan a todo un aparato económico mundial, que no va a ceder dócilmente a los cambios que les impliquen la pérdida del control energético. El cambio a energías alternativas pone en riesgo el valor actual del dólar, la industria automotriz, las centrales térmicas, todo el mercado del carbón, del petróleo y sus derivados, entrarían en shock.

La oposición al cambio la cumplen los grandes poderes económicos protegiendo su fuero comercial. Mantendrán su infraestructura productiva y sus modelos comerciales hasta que logren asegurar que serán ellos mismos quienes dominen y se adueñen del mercado de las nuevas energías, de las nuevas tecnologías, de los nuevos hábitos, de las nuevas modas.

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