Por: Rodolfo Arango

Oposición fuerte, democracia viva

VENEZUELA AVANZÓ EN SU PROCESO democrático este domingo. Con una participación del 66 por ciento de los posibles votantes en las elecciones legislativas, el hermano país da una muestra más de su civismo y su tradición democrática.

La oposición, aglutinada en torno a la Mesa de Unidad, alcanzó no menos de 60 escaños de los 165 que conforman la Asamblea Nacional. Por su parte el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) tendría cerca de 95 escaños. Este resultado, en principio, impide que el presidente Chávez cuente con los dos tercios de los integrantes del Legislativo necesarios para aprobar leyes orgánicas, nombrar líderes de otros poderes públicos o convocar a una Asamblea Nacional Constituyente.

Gracias a la participación activa de la población venezolana, hoy el pluralismo político y la deliberación legislativa tienen más espacio que la semana pasada. La democracia venezolana da signos de vitalidad. El campanazo para el jefe de la Revolución Bolivariana es claro: la oposición habría obtenido el 52 por ciento de los votos, lo que pone a tambalear sus aspiraciones reeleccionistas para 2012. La disparidad entre los votos obtenidos y los asientos legislativos asignados a cada estado obedece a la reforma constitucional de 2009. Ésta otorga más peso en la integración de la Asamblea Nacional a los votos en los estados menos poblados —coincidencialmente afines al gobierno— que a los votos en los estados más poblados, en manos de la oposición.

Este ejemplo de vitalidad democrática debería servir a la oposición colombiana para comprender el valor de anteponer la unidad a las ambiciones personales. Un primer y tímido gesto en esa dirección lo hizo Sergio Fajardo al plegarse al Partido Verde luego de su derrota en las elecciones legislativas. Otro tanto hicieron los ex alcaldes de Bogotá al someter sus pretensiones presidenciales a consulta previa. Mientras tanto la izquierda balbucea hundida en sus desacuerdos y ambiciones individuales. Mucho le falta madurar a la oposición en el país. La perspectiva de futuro no es propicia. Los verdes no arriesgan mucho y prefieren mantener su ambigüedad entre apoyar o fiscalizar al Gobierno. Y el Polo mira más hacia dentro que hacia fuera. Ninguno tiene ya ante sí un mandatario abusivo que aglutine. Si el liberalismo, el Polo y los verdes no se unieron en oposición a los desmanes yidiescos y autoritarios de Uribe, pocas probabilidades tiene una alianza opositora al estilo venezolano contra un gobierno civilista y tecnocrático que disfraza el hecho de haber crecido bajo las faldas del uribismo con actos públicos de compasión y contrición.

El Partido Liberal, otrora hogar de mentes estudiosas de los grandes temas nacionales e internacionales y críticas de medidas oligárquicas, añora el poder y vende su alma para que el presidente Santos se incline por la tradición política familiar y no por el matrimonio de oportunistas y sectores ilegales en ascenso. Por fortuna en el seno de la izquierda liberal quedan aún mujeres con el valor de Piedad Córdoba, que pese a la derechización del país y a la cacería política, expone su vida, su cargo y su honor por un espacio donde hablen disidentes, marginados y excluidos. El proceso disciplinario de su destitución es un monumento al abuso del margen de apreciación valorativa del juzgador y a la interpretación descontextualizada de gestos y actuaciones como intermediaria confiable de paz en épocas de polarización y oscurantismo. Retroceden en Colombia la libertad de expresión y las libertades de pensamiento y opinión. Con mayor razón se requiere ahora una oposición fuerte y unida, para bien de la supervivencia democrática.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Rodolfo Arango

Tres espectros

Propiciemos el cambio

Enseriemos el debate

Dejación de ilegalidades

Adiós a las armas