Por: Cartas de los lectores

Oposición política

Tanto el Partido Verde como el Polo Democrático tienen que entrar a reconsiderar en profundidad su estrategia política si quieren ser una alternativa real de poder en cuatro años.

Evaluar lo realizado, reconociendo los procesos exitosos, como las líneas de acción, marcos ideológicos, conductas y valores que no le permiten a miles de ciudadanos de bien identificarse con las propuestas de la oposición en Colombia. ¿Cuál es el estado cognitivo y existencial de los partidos de oposición? ¿Qué les ha impedido consolidarse como grupos con un poder real de acceder al manejo del Estado colombiano? La evaluación podría orientarse ha mirar los factores externos a la agrupación. Esa es una posible vía en la evaluación.

Lo que se sugiere es la vía inversa. Analizar los factores internos al partido que impiden en su proyección ideológica constituirse en una alternativa real y opción política de los colombianos. Nuestra tesis es que las políticas tienen que diagnosticar y proveer con funciones terapéuticas la construcción de la nación y la administración del Estado colombiano. La administración pública, como expresión del Estado en acción en Colombia, tiene que dinamizarse a la luz de los postulados del Estado Social de Derecho consagrados en la Carta Política de 1991. La realidad política colombiana, como ha sido descrita en innumerables estudios académicos, es caótica. De tal manera, los partidos de oposición tienen la tarea de orientarnos e iluminar el rumbo de la nación. Y es en este punto donde sus dirigentes tienen que revisar los símbolos, programas y planes que vienen usando para acometer esa tarea.

Los resultados electorales de la pasada elección afirman la falta de comunicación contundente de los partidos de oposición con la inmensa mayoría de los colombianos. El Partido Verde podría argumentar que sus más de tres millones de votos anulan lo afirmado en la tesis que propongo. Pero sigo insistiendo, tanto el Polo Democrático como el Partido Verde no logran aún configurar una historia, una narrativa que sea existencialmente sentida, amada y apropiada por los colombianos que no votaron por el Partido de la U y sus partidos de coalición.

La situación histórica presente, más allá de los continuismos, que ya se vienen imponiendo en el gobierno de la unidad nacional, necesariamente nos convoca a irradiar un esfuerzo imaginativo que resignifique los modos simbólicos de quienes están hoy ejerciendo la oposición democrática en Colombia.

Tanto los verdes, como los polistas lo han venido haciendo. Pero esa tarea de resignificación política tiene que ser aún más creativa y más profunda. Y como actividad ineludible, el proceso tiene que estar atento a captar las equivocidades que históricamente han acompañado la tarea de la oposición en Colombia.

Felipe Cárdenas. Bogotá.

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