Por: Aura Lucía Mera

¡Oración!

“A vosotros

que cortáis la manzana de la muerte

con el anonimato de una guerra,

os pido caridad.

Por un Dios

en el que jamás he creído.

Por una justicia

de la que desconfío.

Por el orden de un mundo

que no respeto.

Para que renunciéis a vuestra guerra,

yo renuncio a mis dudas,

que son parte de mí

como la luz amarga

es parte del otoño.

Y escribo Dios, Justicia, Mundo,

y os pido caridad,

Y os lo suplico”.

 

Este poema de Luis García Montero, poeta granadino, me llegó con la última entrega de la revista El Malpensante, editado por la Universidad Externado de Colombia en su colección Un libro por centavos, que también se obsequia en bibliotecas públicas, casas de cultura, cárceles, universidades y organizaciones diversas.

Confieso que me llegó como una flecha directa al alma. Quiero compartirlo porque, al leerlo, sentí como si estuviera dirigido a todos los colombianos y al momento trascendental que estamos viviendo.

Depende de todos el giro que tome nuestra historia. No hay reversa. O nos unimos todos, renunciando a las dudas y dejando atrás el pasado, o seguiremos girando en la noria de los rencores, los señalamientos y las soberbias torpes que nos llevarán a nuevos derramamientos de sangre y a desgarrar más este país ya deshilachado, no solamente por los alzados en armas, sino por una clase dirigente que se remonta a los orígenes de todas las contiendas y no reconoce su responsabilidad en todo lo sucedido por casi un siglo, o más, como anotaba alguien conocedor de nuestra historia, que remonta al origen del conflicto entre Santander y Bolívar, marcando para siempre el odio de dos bandos irreconciliables.

Estamos acostumbrados a pelear, a mostrarnos los colmillos, a matarnos, a vengarnos. La intolerancia y la soberbia, repito, han sido nuestros comunes denominadores. Nos cae de repente el cese del fuego, la firma de unos acuerdos, la entrega de armas y la oportunidad de construir otra Colombia… Pero esta posibilidad nos coge con los calzones abajo y no sabemos qué hacer con ella, porque jamás lo hemos intentado.

Entonces el camino fácil es la polarización, la crispación, el “ver quién gana la pelea de la paz”. Este es el único país del mundo que le dice No a la posibilidad de paz.

Los invito a leer, releer, meditar y dejar entrar en el corazón cada estrofa de esta oración. Los invito a todos. Colombia somos todos. Y todos podemos recibir y entregar. La utopía no existe. ¡Existe una realidad!

 

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