Orden de prioridades

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Joshua Bell es un violinista estadounidense mundialmente reconocido. En 2007, vestido de jeans y camiseta, se fue a tocar en una estación del metro de Nueva York; allí interpretó, durante 45 minutos, piezas de J. S. Bach. Más de mil personas pasaron frente a él; unos pocos se detuvieron y algunos le dieron algo de dinero. Al final de la jornada recolectó 27 dólares. Sólo una persona reconoció su verdadera identidad, pero estaba afanado y siguió. Días antes había tocado el mismo repertorio en el Symphony Hall de Boston; un concierto que vendió entradas a 100 dólares o más. En 2014 hizo el mismo experimento con resultados similares.

A veces necesitamos de una sacudida para ver las cosas valiosas que tenemos cerca, para cambiar nuestro orden de prioridades. La pandemia actual puede ser ese sobresalto: quienes estamos confinados con lo necesario para sobrevivir (un grupo relativamente privilegiado) quisiéramos caminar, sentir el viento fresco del aire en las montañas, conversar con los amigos, abrazar y besar a los seres queridos que están fuera. También sabemos que cuando regresemos a la normalidad, extrañaremos los trabajos manuales que hemos hecho, apreciaremos más el tiempo libre, tendremos más admiración por los científicos y quizás extrañaremos algo de la vida simple, introspectiva y lenta que tuvimos.

 

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