Por: Miguel Gómez Martínez

Organización de Enanos Americanos

LA CRISIS DE HONDURAS ES UN EXcelente ejemplo de cómo las buenas intenciones son manipuladas con fines impropios por políticos habilidosos.

La Organización de Estados Americanos se ha prestado para ser manoseada por líderes regionales que han violado, en nombre de la democracia, los principios elementales de la libertad y el Estado de Derecho.

El caso de Zelaya es revelador de un presidente que, violando la Constitución y desatendiendo una decisión de la Corte Suprema de su país, quería forzar una elección que le permitiera perpetuarse en el poder. Lo que sucedió en Honduras es la reacción de defensa de las instituciones frente a un político que quería romper las leyes para beneficio personal.

Lo más triste de este incidente es que, arropado en la Carta Interamericana, quiere regresar al poder, en un avión venezolano, rodeado de otros mandatarios de la región que han hecho cosas aún peores y que hoy claman a toda voz el restablecimiento en el gobierno del violador de los principios democráticos en Honduras. Qué ironía que sea Chávez el que cierra medios de comunicación, Correa el protector de terroristas, Ortega el que desconoce el derecho de fronteras y Morales el nacionalizador quienes ahora se rasgan las vestiduras y exigen el respeto de una Carta que ellos han sido los primeros en violar.

Triste resulta que la OEA se preste para este show cuando ha guardado silencio frente a tantas restricciones reales de la democracia en Venezuela. Parece como si hubiese dos pesos distintos. Cuando se trata de un país poderoso y populista como Venezuela, la tesis que se impone es el respeto de los “asuntos internos de cada país”. Pero cuando el país es pequeño y la reacción de la población es para defender la democracia liberal, el mismísimo Secretario General de la Organización lidera el clamor para devolver al poder a aquel que quería romper el orden institucional. Lamentable que, frente al aumento del populismo antidemocrático en el continente, lo único que la OEA ha hecho es callar y tolerar.

Muy propio de nuestro continente este énfasis en las formas y el desprecio en el fondo de los asuntos. Invocamos la soberanía formal para fines errados. Por ejemplo, Correa la invoca para proteger terroristas o para no pagar sus deudas. Chávez la utiliza para maniatar a la prensa. Ortega para reclamar la soberanía sobre San Andrés y Providencia. Con cinismo respetamos los asuntos internos de cada país para no tener que pronunciarnos sobre abiertas violaciones de los principios democráticos más elementales. ¿Dónde estaba la OEA cuando Chávez despojó al alcalde electo de Caracas de todos sus poderes? ¿Dónde estuvo la OEA cuando el computador de Reyes reveló los vínculos de varios gobiernos con las Farc? ¿Dónde está la OEA cuando Chávez cierra los medios de comunicación y los amenaza públicamente?

En estos asuntos, que ponen en grave peligro los principios de la carta democrática americana hoy tan invocada, hay un inquietante silencio. Tal vez tenga razón Raúl Castro y la OEA no sea más que una organización de enanos sin carácter ni coherencia política.

 

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