Por: Roberto Esguerra Gutiérrez

Órganos escasos

Es curioso que en nuestro país cueste tanto trabajo mantener las cosas que hacemos muy bien y permitamos que se deterioren y entren en el ciclo del tránsito permanente entre los extremos, de lo malo a lo bueno, como un péndulo que va y viene.

Eso es lo que ha ocurrido con los trasplantes de órganos. Luego de un inicio lleno de dificultades y limitaciones hace 50 años, el país alcanzó unos resultados sobresalientes por su nivel científico y por el número de enfermos que se beneficiaron hasta hace unos cinco años. Desde entonces se encuentra en etapa de retroceso en que muchos de los logros se han perdido.

Por ejemplo, en el primer semestre del año 2013, según datos oficiales, tuvimos una disminución de la tasa efectiva de donantes de 17% en relación con 2012, y al mismo tiempo en ese período se realizaron 479 trasplantes, lo que representa una disminución de 16% en relación con los 570 del año anterior.

En términos internacionales nos encontramos muy lejos en lo que se refiere a la donación de órganos, pues en 2012 tuvimos una tasa efectiva real de 8,0 por millón de habitantes, mientras que las cifras más altas, que son las de España y Portugal, se encuentran alrededor o levemente por encima de los 30. Lo más grave es que en el primer trimestre de este año la negativa familiar a la donación, en algunas de las regionales en que se ha dividido al país, alcanzó a ser tan alta como 87%, con un promedio de 38% para todo el país, que a su vez tuvo un incremento de 12% respecto al año anterior.

A pesar de tener una legislación que se puede considerar de avanzada en términos internacionales, como ocurre con la presunción de donación (Ley 73 de 1988), otras normas crean en la práctica barreras para la recuperación de órganos y tejidos y no existe entre la población una información adecuada que incentive la donación. El efecto final es que progresivamente tenemos menos órganos para trasplantar y la lista de ciudadanos que esperan un órgano o una córnea ya se está acercando a los 3.000, mientras simultáneamente estamos perdiendo millares de órganos y tejidos.

Los trasplantes constituyen uno de los avances más importantes de la medicina moderna, porque permiten la rehabilitación de personas que de otra manera tendrían que depender de una máquina, vivir muy limitados o incluso llegar a perder la vida. En el país tenemos varios centros de trasplante de talla mundial, algunos de ellos pioneros en algunas técnicas, por lo que nuestro país tiene una reputación muy alta, por lo que muchos ciudadanos de otros países acudieron al nuestro en busca de un trasplante.

Esa misma circunstancia generó mucha polémica, porque los trasplantes a extranjeros no residentes en Colombia llegaron a ser 16% del total, por lo que se tomaron medidas que llevaron a una drástica disminución, ya que hoy prácticamente no se realizan. La Corte Constitucional, en sentencia reciente, ha ratificado el criterio de que los órganos disponibles deben ser empleados con prioridad en los nacionales y los extranjeros residentes en el país.

Sería deseable que el Estado a través del Instituto Nacional de Salud asumiera la detección, manejo y distribución de órganos y que las campañas para educación y promoción de la donación fueran mucho más agresivas, para que los ciudadanos entiendan su dimensión.

No creo que exista un acto de mayor generosidad y solidaridad humana que la decisión de donar los órganos de un ser querido que se encuentra en muerte cerebral, para ayudar a la rehabilitación de otro u otros seres humanos.

 

 

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