Por: Columnista DATAiFX

Orgullo y prejuicio

El Gobierno ha cometido la imprudencia de presionar abiertamente al Emisor respecto de las tasas de interés y el dólar, reuniéndose incluso en días previos a una Junta Directiva. Este tipo de presiones generan problemas de orgullo y prejuicio que pueden, en una dinámica reflexiva, alejar al Banco de una decisión equilibrada.

De orgullo, porque sus funcionarios se caracterizan por la tecnocracia a la hora de tomar decisiones. Son escogidos por su capacidad de razonamientos desapasionados, fundamentados en la razón y la evidencia y tal vez siendo vulnerables al sentimiento de resistencia que genera la presión mediática que han querido adelantar industriales y políticos.

De prejuicio, porque tratar de influir abiertamente en sus decisiones a través de pronunciamientos de prensa y reuniones a puerta cerrada, deja la sensación de que los tecnócratas se ven cada vez más acorralados por la táctica de pragmatismo político que ha tratado de imponer este gobierno en casi todos los frentes, con resultados poco claros en su fondo y desastrosos en la forma (ver reforma a la justicia). La reacción más probable, particularmente cuando se pone en duda su independencia, es demostrar a través de sus decisiones que no es influenciable. Resultado contraproducente, en momentos en que la economía del país requiere de acciones equilibradas urgentes.

Convendría al Gobierno y a los gremios guardar recato en días previos a la Junta, dejando que el Banco llegue por su propio impulso y sin tanto ruido a una conclusión lógica: la economía en 2013 requerirá menores tasas de interés y un dólar más alto para afrontar una coyuntura poco favorable.

 

*Analista de Profesionales de Bolsa.

 

 

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