Por: Humberto de la Calle

Orina territorial

AUNQUE SE LE AGRADECE A VALENCIA Cossio que haya vuelto a poner sobre el tapete el tema de la justicia, la reforma que él propone está más dirigida a reorganizar los poderes en la cúspide, que a dar respuesta a la angustia de la gentecita del común que ve frustrado su acceso a una justicia eficaz. Los tigres orinan para demarcar su territorio.

La idea ahora es mover los linderos de los mingitorios. Regreso a la cooptación para eliminar influencias distintas a la rama. Sacar de las cortes a jovencitos hiperactivos colocando una edad de ingreso más exigente, pero alargar su estadía, de pronto mediante suculentos nombramientos vitalicios. Por otro lado, van los otros vectores. Principio de oportunidad para ‘paras’ rasos, seguramente regreso de la extradición al campo privativo del Ejecutivo. Doble instancia a congresistas. En fin, una serie de ideas buenas, regulares y malas. Pero gracias Valencia, de todos modos.

Ahora voy a escribir como humilde artesano y obrero de la profesión de abogado. Desde la perspectiva de quienes nos pasamos la vida garrapateando papelitos para llevar a los juzgados y envejecemos en los dinteles de los despachos judiciales esperando la sentencia que no llega. Los que somos víctimas de la inapelable y terrorífica jurisprudencia de baranda. El juez está en un curso, la próxima audiencia será dentro de seis meses. No le hemos notificado a la Cancillería porque, aunque está a cinco cuadras de aquí, usted no puso la dirección. Su diligencia de secuestro es en Guaymaral, pero primero hay otras cuatro en Ciudad Kennedy. No doctor, no sé la hora aproximada. No doctor, si se va, pierde el turno. No doctor, puede que no acabemos hoy. Los que percibimos que el aparato judicial es una permanente derogación del sentido común.

Hablo por los miles de jubilados forzados a interponer tutelas porque el Ministerio de Protección ha permitido, en un acto inicuo, que su colega de Hacienda maneje la negativa a las pensiones para acomodar las cifras negras del erario. El Ministro Palacio tiene razón teórica en imponer el PILA, pero conmueve y enfurece el desprecio por el sufrimiento de la gente. Las decisiones que niegan pensiones no están motivadas. Justicia ciega. Usted demanda, los abogados del ISS aceptan los hechos pero se oponen, vaya a saber usted por qué. No van a las audiencias de conciliación. Una conducta sistemática cercana al prevaricato. Y nadie le pone coto a un abuso molecular y crónico que hace del estado de derecho un mamarracho.

A esos, a nosotros los humildes artesanos que tratamos de bracear en esa telaraña kafkiana, nos importa un pito la edad de 45 años. Con menos ingresó Cepeda, un magistrado ejemplar, mientras varios vejetes tratan de hacerle conejo a la edad de retiro forzoso con artimañas dignas de mejor causa.

Doctor Valencia, de la mano del Consejo Superior, impulse la verdadera reforma al imperio del valor justicia. La que ha esbozado, aun teniendo cosas buenas, no es una reforma a la justicia; ni siquiera es una reforma judicial. Simplemente busca que los tigres orinen tranquilos.

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Respeto inmenso por el embajador Ospina en la OEA. Ha sacado la cara con valentía. Pero se le ha ido la mano. Decir que Ortega es un castigo para el pueblo nicaragüense es cuestión interna. Es terreno vedado a nuestra diplomacia. Y así otras frases inadecuadas. La pelea es sólo en el plano internacional.

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