Por: Columnista invitado

Osaki, en el hotel Artisan, Bogotá

Un restaurante para frecuentar, en primer lugar por su espacio amplio elegante y cálido, en una atmósfera verde en la que resalta un bello magnolio.

Ubicado en medio del distrito financiero de una gran urbe como Bogotá, este contexto urbano se vive fuera y se percibe dentro del establecimiento.

Con un menú oriental y japonés, la entrada fue directa al sushi. El ojo de tigre, con atún, salmón y palmito tempura con masago, sutilmente picante. El crunchy, un sushi crujiente de anguila y palmito, bañado con salsa de soya y miel, y con su toque artístico, una envoltura de zanahoria frita. El crispy mango tuna, un sushi de atún fresco, mango tempura crujiente, mayonesa dinamita, con envoltura de masago. El masago, un caviar originario de Islandia y muy cotidiano en la gastronomía japonesa, pequeñito, de color amarillo intenso. El sushi es sin duda una fortaleza, vocación y parte del éxito de esta cadena.

El arroz biriani, con pollo, almendras, plátano frito y vegetales. Un arroz perfumado y crocante, salteado al wok, con uno de los más típicos aromas de la cocina del norte de la India, que aunque no necesita del chutney de mango que lo acompaña, es francamente delicioso.

La salchicha thai de cerdo y limonaria a la parrilla, de elaboración artesanal, vestida con una ensalada cítrica de carambolo, tomates, hierbabuena y marañón: un plato ligero, con firmeza de sus sabores.

El aplauso en la visita se lo merece la sopa de ahuyama asada y leche de coco, aromatizada con galanga, hojas de limón kaffir, y acompasada con queso, tofu y chips de wonton, un tazón cremoso de frescura y de sabores amables, que elevan el espíritu.

La galanga, también llamada jengibre azul, de usos culinarios y medicinales, tuvo su mayor consumo en el Medioevo europeo, pero en los últimos tiempos sólo se ha mantenido su uso en el Asia oriental.

En esta carta sólo encontré tres platos con algún contenido picante. En la evolución que se ha venido dando en los restaurantes en Colombia todavía hay campo para más platos picantes, en diferentes grados, para estimular su aceptación y disfrute y que la comunidad reciba todos los numerosos beneficios medicinales que nos brinda la capsaicina, la sustancia responsable del picor en los ajíes y jalapeños.

 

*crítico gastronómico

 

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