Por: José Salgar

Otra complicada confusión de lenguas

EN BOGOTÁ HUBO UNA OFENSIVA DE muchos años contra los nombres extranjeros en la actividad comercial.

Se hacía respetar la costumbre para utilizar el español en todo anuncio público y las audacias provenían de los ingeniosos que jugaban con el idioma. Por ejemplo en la avenida Pepe Sierra un vendedor de licores puso a su tienda un nombre que cae bien en estos días de campaña contra el consumo de alcohol para combatir las riñas callejeras: Pepe No Cierra.

En este nuevo mundo de la globalización y la electrónica lo raro es que alguien ponga a su negocio un nombre en español. Los niños nacen escuchando una mezcla de lenguajes que giran alrededor de diferentes idiomas. Comunicaciones es una larga palabra que se simplifica con la síntesis inglesa: net. Desapareció la palabra teléfono porque el uso común es cel. Y la digitalización está llena de abreviaturas como iPod. Si la técnica ha aportado una serie de términos en inglés, ahora viene la amenaza de otra guerra fría o caliente que busca implantar palabras del Medio o el Lejano Oriente en los lenguajes de occidente. Prolifera la venta de sushi y de comidas rusas y vietnamitas, mientras que toda clase de vestidos o materias primas traen escondido el made in China.

En medio de esa confusión de idiomas, en Bogotá subsisten defensores de la originalidad en nombres en español. Un restaurante de comidas rápidas ha tenido éxito por su forma de anunciarse: Punto y Coma. Y entre las muchas fruterías que se destacan por la vistosidad de sus productos procedentes de diferentes regiones, hay una llamada Disfrutas de Santander.

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Coletilla.– Antes pedíamos un tinto. Ahora: “Regáleme un delight, porfa”.

 

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