Por: Columna del lector

Otra forma de ser víctima

Por David S. Eslava Quintero *

El miércoles de la semana antepasada, la Ciudad Universitaria de Bogotá fue nuevamente lugar de choques entre manifestantes violentos y el ESMAD. Como estudiante, me duele saber que una vez más la Universidad Nacional (U. N.). está siendo perjudicada por culpa de algunos que todavía están convencidos del uso de la fuerza para promover el cambio.

Con motivo de nuestro sesquicentenario, la Asociación de Profesores de la Universidad Nacional (APUN) está promoviendo un ciclo de conferencias titulado La U. N. también es víctima, que busca “reconocer nuestro pasado para aportar así eficazmente en la construcción de un futuro próspero de paz”. Me referiré a algunas de las cosas que más me impactaron, expuestas en los conversatorios ya realizados.

Por ejemplo, los estudiantes de ahora solemos quejarnos de la ausencia de residencias universitarias (exigencia ciertamente válida en cualquier escenario), pero probablemente desconocemos que en los años 80 esas viviendas se volvieron ingobernables y se convirtieron en auténticas mafias, con presencia de guerrillas, paramilitares y delincuencia común, los cuales se enfrentaban por microtráfico y por el control mismo de los edificios; el exrector Guillermo Páramo comentó que incluso se supo de un mafioso que obligaba a algunos estudiantes a lustrarle los zapatos.

Una anécdota como la anterior nos ayuda a ser conscientes de que la supervivencia misma de la U. N. fue puesta en riesgo, como consecuencia directa de la violencia vivida en el país. Quisiera detallar otras maneras en las que fuimos amenazados como institución —desde el destrozo de bienes hasta los esfuerzos por destruir el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales, intentando exterminar a sus integrantes—, pero no me alcanza el espacio.

En consecuencia, al interior de la comunidad universitaria estamos convencidos de que la U. N. es una víctima más del conflicto. Sin embargo, como se trata de dar el primer paso hacia un diálogo que permita reconciliarnos con una turbulenta historia, es igualmente válido preguntarse: ¿acaso la U. N. no fue también victimaria, desde las afectaciones causadas a la ciudadanía por disturbios como los referidos al inicio, hasta la subversión promovida por aquellos estudiantes y profesores que participaron en grupos armados?

Durante el último conversatorio, se resaltó la oportunidad que esta pregunta nos ofrece para ser autocríticos; por ejemplo, el exrector Páramo destacó que paradójicamente la autonomía universitaria, tan necesaria para evitar que el conocimiento sea manoseado al antojo de los poderosos, fue aprovechada por los violentos en detrimento de la U. N., y se cuestionó si hicimos lo suficiente para evitar tal situación.

Siendo la U. N. patrimonio de todos los colombianos, pienso que lo vivido en el campus es (en muchos modos) un reflejo de lo que pasa en el país, donde víctimas y victimarios se confunden en uno solo y donde —al final— la víctima mayor es Colombia, que se destruye paulatinamente; de manera análoga, la U. N. como institución es la mayor perjudicada, cuando el conflicto perturba la búsqueda de la verdad en las aulas de la Academia, como reza nuestro lema.

Colofón: los invito a aprovechar espacios como los abiertos por APUN; el próximo conversatorio abordará el tema de El Estudiante caído y “en pie de lucha” y tendrá lugar el jueves 26 de octubre a las 6 p. m., en el edificio 454 de la Sede Bogotá, con la presencia del exrector Antanas Mockus.

* Estudiante pregrado Ingeniería Mecánica. Universidad Nacional de Colombia - Sede Bogotá.

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