Por: Mario Morales

Otra vergüenza nacional

LA MUERTE, LA SEMANA PASADA, DE un bebé en Barranquilla por física hambre es una bofetada en la cara a la política económica del gobierno Uribe, a su ministro de Hacienda y a sus programas sociales.

No puede ser menos que insultante que la tragedia ocurra en medio de la piñata de ideas que tiene lugar en la Casa de Nariño (porque son eso, palos de ciego) en busca de una nueva reforma tributaria que los provea de los $2,1 billones anuales que necesitan para financiar la guerra.

Claro, dirán, es  sólo un niño, y además indígena, frente a los magnos intereses superiores del Estado. Pero como él, cada 25 minutos en promedio muere un colombianito menor de cinco años, si hemos de creerle a Nils Kastberg, director regional de Unicef, y cerca de 14 al día por falta de alimentos, según cifras de Bienestar Familiar. Una verdadera vergüenza.

El hecho resulta aún más escandaloso si, como lo mostró Caracol Noticias, en Yarumal, Antioquia, se botan los excedentes en la producción de la leche para mantener el precio.

Y nadie dice o hace nada porque el tema no “vende”, ni para los 390 días que le quedan de ‘acción social’ a Uribe, ni para los precandidatos que andan más preocupados por las  alianzas, el marketing o las encuestas, ni para los medios que tenían  la atención centrada en la cacería de los hipopótamos de Pablo Escobar (en la que hubo hasta rasgar de vestiduras),  en la guerra intestina de los Jackson o en las miradas de reojo de Sarkozy (que no de Obama) a las curvas de una adolescente.

Como lo acaba de decir el papa Benedicto XVI en su tercera encíclica, se debilitaron los principios tradicionales de la ética social, la transparencia, la honestidad y la responsabilidad. La muerte de un menor por hambre en pleno siglo XXI descalifica y acaba de plano cualquier debate sobre  ética política, eficiencia, equidad o inclusión social. Que sean tantos en medio de la indiferencia nacional actualiza la vieja profecía literaria, en palabras de William Faulkner, de que un país que mata —o deja morir— a sus hijos no merece sobrevivir.

www.mariomorales.info

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