Por: Nicolás Rodríguez

Otra vez el sapo

Hubo que esperar a que la reforma al fuero militar se cayera, por razones de forma y no de fondo, para que el ropaje básico con que muchos la habían impulsado perdiera todo su camuflaje.

En su momento, varios argumentaron que la reforma nacía del deseo desinteresado de modernizar la justicia, detener el juego sucio de la guerra jurídica, contribuir a mantener en alto la moral de la tropa. Poco o nada tenía que ver la polémica reforma, se dijo, con la paz, La Habana, el futuro de las negociaciones, los cálculos, la estrategia, el toma y dame de cualquier realismo político.

Y sin embargo, henos aquí, de nuevo, en el fogón que cuece morcillas. Si a la guerrilla le damos esto de acá y esto de allá, a los militares toca darles de lo otro. Sin fuero militar extendido no puede haber Marco para la Paz que sea legítimo y bien visto. Es preciso llorar por los dos ojos, para retomar la bíblica expresión con que un funcionario público nos gobierna. Que los vegetarianos se abstengan y nadie mire de cerca, pensarán los cocineros del Palacio de Nariño: el proceso de elaboración de este embutido quita el apetito.

Por supuesto ya son varios los analistas que con mucha razón se han referido a lo inoportuno de la escogencia de la morcilla como metáfora que condensa aquello tan histórico que está ocurriendo. Además de alardear de sus asados (y gustos culinarios), el presidente Santos podría ser más cuidadoso con como imagina que puede ganar el apoyo requerido para sacarnos de esta guerra.

Como ya nadie cree en palomas blancas y lo de la morcilla fue un tiro en el pie, habría que constatar que el renacer de la reforma al fuero militar puede llevar a la entronización del sapo que toca tragarse como imagen que engloba el proceso de paz con la Farc. Otro símbolo que muy pronto nadie querrá pintar.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Nicolás Rodríguez

Cultura cívica y urbanidad

“Presidente eterno”

El voto cómplice

¿Quién sería el canciller?

Alegre contaminación visual