Por: Eduardo Sarmiento

Otra vez revaluación

El sistema de cambio flotante con intervención del Emisor no contrarresta los aumentos de liquidez.

El país no aprende de la experiencia. Entre principios de 2007 y mediados de 2008 mostré cómo la revaluación ocasionó el aumento en el déficit de la cuenta corriente que precipitó la caída del crecimiento y, posteriormente, con el alza de la tasa de interés del Emisor y la crisis económica mundial, sumieron la economía en recesión. Hemos regresado a la misma revaluación agravada por la nueva fase de la crisis mundial de caída de las exportaciones.

En los libros de texto se encuentra que en un momento de recesión y contracción de las exportaciones las tasas de interés bajan y los ingresos de divisas disminuyen induciendo una devaluación que tiende a contrarrestar la caída de las exportaciones con relación a las importaciones y reactivar la producción. Así, la tasa de cambio y su efecto positivo sobre la balanza de pagos aparece como el mecanismo mágico que asegura la estabilidad y la reactivación.

En Colombia ocurre lo contrario. En recesión y desplome de las exportaciones el tipo de cambio se revalúa  y se acentúa el deterioro de la balanza de pagos y la recesión.

La explicación de este comportamiento es la misma que presenté hace un año y medio. La baja de la tasa de interés y la inyección masiva de recursos al sector financiero en Estados Unidos inundó el mundo de liquidez. Los países que operan con modalidades de cambio flotante están expuestos a presiones de revaluación y entradas de capitales especulativos para adquirir acciones elevando sus precios. Se configura una burbuja de revaluación y alza de los precios de los activos que se refuerzan y generan rentabilidades superiores a las internacionales.

Por otra parte, las intervenciones esporádicas del Emisor llevan a los especuladores a adquirir las divisas cuando actúa y venderlas cuando deja de hacerlo. Así, la economía queda expuesta a una revaluación indefinida que genera expectativas de mayor revaluación hasta el colapso final.

Es hora de que se entienda que el orden económico internacional no opera dentro de las reglas de libre mercado de los libros de texto y, lo más grave, es totalmente asimétrico. Mientras EE.UU. utiliza el privilegio de moneda de reserva para establecer unilateralmente la tasa de interés de cero y devaluar el dólar, los países con tipo de cambio flotante, como Colombia, quedan expuestos a procesos indefinidos de revaluación y destrucción del sector productivo.

Los hechos se han encargado de confirmar que el sistema de cambio flotante con intervención esporádica del Banco de la República es inadecuado para contrarrestar los aumentos de liquidez generados por las políticas de devaluación de EE.UU. y asegurar la estabilidad cambiaria. La modalidad de cambio fijo ajustable se erige como la mejor forma de arreglar este marco adverso. Si bien el propósito puede materializarse por diversos medios, como la emergencia económica o la ley del Congreso, convendría emplear las facultades del Banco, que podría llevar a cabo una intervención anunciada, en la cual se compromete a adquirir la totalidad de las divisas a un nivel preestablecido. Así, el tipo de cambio pasaría a ser sostenido por la emisión monetaria y el estímulo a la entrada especulativa de capitales desaparecería.

El expediente sería descalificado por el Banco y el FMI, que de entrada lo rotularían de inflacionario. Se equivocan. Mientras la economía esté en recesión, la ampliación de la cantidad de dinero no entraría fácilmente al sistema, recaería primordialmente en la producción y no tendría mayor incidencia sobre los precios.

Quienes claman por una mayor devaluación deben entender que el propósito no se puede lograr con la modalidad cambiaria flotante, ni siquiera con la intervención esporádica del Banco de la República en el mercado. El mantenimiento de un tipo de cambio que asegure la competitividad de las exportaciones requiere una modificación drástica del régimen cambiario que sirvió de base para la construcción del Banco de la República y constituye pieza central de la doctrina del FMI. La implantación de la nueva modalidad cambiaria marcaría un paso decidido para desmontar el modelo de libre mercado que hace aguas a lo largo y ancho del planeta.

 

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