Por: Daniel Pacheco

Otra vida

Los planetas capaces de albergar vida son mucho más comunes de lo que pensábamos.

El hallazgo se hizo con observaciones del telescopio Kepler de la NASA, por medio del cual se observaron 150.000 sistemas solares. Según los astrónomos, nada más en la Vía Láctea, nuestra galaxia, habría unos 2.000 millones de planetas parecidos a la Tierra, que orbitan un sol de tamaño similar, a una distancia en la que el agua no se congela ni se evapora, y donde en teoría podría surgir vida inteligente. Subhanjoy Mohanty, un astrofísico que revisó el estudio, le dijo a The Guardian que “esta probabilidad excede todos los pronósticos de los astrólogos”.

Más allá de sus implicaciones científicas, la idea de que el planeta Tierra no es especial tiene consecuencias poderosas en el lugar que nos damos a nosotros mismos en el universo. Desde el siglo XVI, cuando Copérnico derribó la idea de que todo giraba alrededor de la Tierra, nuestra existencia ha ido encajando en una cadena de sucesos guiados por leyes universales. Desprovista de dioses y toques mágicos, somos un producto ya no tan extraordinario de la materia, más aún teniendo en cuenta la nueva probabilidad de que otra vida inteligente esté surgiendo en millones de planetas de esta galaxia.

Pero antes de alistar las guirnaldas para recibir visitantes interestelares, habría que revisitar la paradoja planteada por Enrico Fermi, un físico italiano de los años 50. Ya en ese entonces, sin saber lo abundantes que eran las posibilidades de la existencia de planetas con capacidad de albergar vida, Fermi se maravillaba de que no hubiéramos sido visitados por extraterrestres.

El argumento de Fermi es el siguiente: el tamaño y la edad del universo sugiere que muchas civilizaciones avanzadas deberían existir, sin embargo, no tenemos evidencia de ninguna de ellas.

El sol es una estrella joven en el universo. Mientras el Big Bang se calcula que ocurrió hace unos 13.000 millones de años, el sol empezó a brillar hace 4.900 millones de años. Civilizaciones anteriores a la humana habrían tenido, por lo tanto, mucho más tiempo para desarrollar capacidades de viaje interestelar. ¿Por qué entonces no nos han visitado?

Las respuestas a la paradoja de Fermi son una invitación deliciosa a la especulación. Van desde los conspirativos que dicen que ya hemos sido visitados, como Zecharia Sitchin, autor del Duodécimo plantea, o David Icke, de la teoría de los reptilianos que viven entre nosotros, hasta teóricos ortodoxos como el astrofísico ruso Iosif Shklovsky, quien sostiene que la vida inteligente tiene una tendencia inherente a autodestruirse y por eso no ha sobrevivido lo suficiente en ningún planeta como para dejar el sistema solar donde nació.

Las preguntas que quedan abiertas son un testimonio de lo emocionantes que son los misterios de la materia. En una concepción del mundo dominado por la mirada científica, que le cierra los caminos a las especulaciones del espíritu, hay campo de sobra para la inspiración, la esperanza y la elevación de la mente sin fe ni religión.

@danielpacheco

 

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