Por: Héctor Abad Faciolince

¿Otro Congreso Admirable?

EL CONGRESO ADMIRABLE QUE TANTO ponderara Fernando Londoño Hoyos, en realidad ha sido admirable, en los últimos ocho años, por lo podrido y por lo despreciable.

Nunca habíamos tenido tantos congresistas presos por corrupción, narcotráfico o parapolítica, lo cual habla muy bien de la rama judicial del Estado, pero muy mal de la legislativa. Hasta en el ejecutivo de Uribe encuentra uno funcionarios decentes que han hecho bien su labor (la Ministra de Educación, los consejeros Frank Pearl o Claudia Jiménez, por ejemplo), pero en estos ocho años los senadores y representantes al Congreso de Colombia —y particularmente los uribistas— han sido quizá los peores y más corruptos de toda nuestra historia republicana. Y eso es mucho decir.

Yo no tengo muchas esperanzas de que el Congreso en pleno se pueda renovar el próximo domingo. La compra de votos en la Costa, en Urabá o en el Bajo Cauca antioqueño, en el Pacífico, va a permitir que reelijan senadores y representantes untados hasta el cuello de narcotráfico y paramilitarismo. La revista Cambio denunciaba, antes de su cierre, de qué manera los parientes de algunos “padres de la patria” presos por corrupción o por masacres, siguen participando “en cuerpo ajeno” en esta contienda electoral. También El Espectador lo ha denunciado, incluso con los nombres de los nuevos partidos donde se está reciclando a los delincuentes de cuello blanco: “Partidos reconocidos por sus probadas alianzas con paramilitares y narcotraficantes, como Convergencia Ciudadana, Colombia Viva y Colombia Democrática, asegurarán su continuidad a través de la creación de las nuevas colectividades PIN y ADN”, advertía hace poco este diario.

Es posible que donde manda la compra de votos y el clientelismo, partidos como el PIN y el ADN logren sacar adelante a sus candidatos, por sucios e impresentables que sean. Pero estos casos extremos no son los únicos. También en el Partido de la U hay personajes que no merecerían estar en una lista al Congreso sino en un llamado a lista en una prisión. Y algo parecido ocurre, por lo menos en Antioquia y Magdalena, con algunos candidatos de Cambio Radical. El mismo Partido Liberal, que intentó depurarse luego de años de extrema suciedad, le ha dado su aval a la esposa de un senador condenado por parapolítica.

Yo quisiera soñar con que estas personas corruptas de las listas del PIN, de ADN, del Partido de la U, de Cambio Radical y del mismo Partido Liberal, no salieran jamás elegidas. Votar por cualquier candidato, incluso bueno, de uno de estos partidos, es darle la oportunidad a que los candidatos podridos también pasen a integrar otro Congreso Admirable, que sea de admirar por lo corrupto y por lo maloliente.

No me dirijo a los que venden su voto, que ni siquiera leen el periódico. Me dirijo a las personas que quieren informarse bien y no han tenido tiempo de decidir por quién votar en estas elecciones al Congreso. Y les diría que hay nuevos movimientos, sanos e independientes, que le están apostando a una renovación siquiera parcial del Congreso de la República. Les rogaría que no regalen su voto a las mismas siglas de toda la vida y que miren, por ejemplo, al Partido Verde de Mockus, a la Alianza Social Indígena (ASI), a algunos miembros del Polo y, sobre todo, a las listas del movimiento Compromiso Ciudadano por Colombia, el de la mano abierta. El movimiento de Fajardo, Compromiso Ciudadano, ha hecho una lista ejemplar de ciudadanos de distinto origen (conservadores, liberales, pero sobre todo independientes) y sin alharacas ni plata para publicidad están recorriendo el país y presentando propuestas sanas y serias. Están contra la corrupción y contra la violencia a través de propuestas realizables y técnicas en educación, salud, ciencia, seguridad y desarrollo. Después no digan que no había por quién votar. Después no digan que los congresistas son una parranda de ladrones. Fuera de los corruptos, hay listas limpias. Ojalá sepamos apoyarlos.

 

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