Por: Mario Morales

¿Otro florero?

¿En qué planeta viven? Que alguien les cuente que buena parte de esta agitación popular que hoy recorre el país se alimentó de su miopía y torpeza en el trámite de la reforma a la justicia, y que sus errores son los pedazos que han ido formando ese florero de Llorente que amenaza con reeditarse este 20 julio.

Que todavía haya senadores y representantes que insistan en la reelección de sus secretarios o que defiendan que esas elecciones se hagan con voto secreto, es decir, por debajo de la mesa, habla del estado de desconexión del Congreso con nuestra realidad. O de su soberbia. O de la incredulidad en que si no cambian los vamos a cambiar.

O ingenuamente consideran intrascendentes esos nombramientos, sin medir sus efectos, o lo hacen en franco desafío a los ciudadanos que desde todos los flancos piden transparencia. Nada más que eso.

No son sólo los nombres de los favoritos los que están en juego, son las prácticas de un parlamento cuestionado precisamente por eso que Corzo, el presidente de la corporación, llamó pomposamente como “tradición”.

Por fortuna hay propuestas de liberales y Partido Verde para hacer audiencias públicas televisadas y recortar poder de los secretarios. Que haya veedurías ciudadanas.

Corresponde al nuevo presidente establecer reglas de juego, si es que antes no hay un poco de sentido común en las bancadas para garantizar que no van a salir elegidos los mismos con las mismas.

Se extraña que la posición del Gobierno sea la de apartarse de este berenjenal. Para eso tiene que servir la Unidad Nacional, no para cabestrear nombres, sino para crear condiciones de equidad y de justicia.

Sabremos el 20 de julio si algo hemos avanzado en decencia y en independencia. Que no se equivoquen, que el palo no está para cucharas.

 

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