Por: Alberto Carrasquilla

Otro Informe

Hace unos días salió del horno un nuevo informe de la OECD sobre Colombia que presenta una discusión interesante y detallada de diversos problemas que enfrenta nuestra economía y presenta propuestas, unas más concretas que otras, tendientes a superarlos.

En gran síntesis, los puntos de fondo que yo saco de las 117 páginas del reporte son tres. El primero, que en materia de productividad estamos muy mal y que ello compromete seriamente nuestra capacidad de avanzar en materia social, al limitar el crecimiento económico potencial. El segundo punto: que la informalidad laboral es un problema grave y crónico que ha perjudicado sobre todo a la población mas vulnerable. El tercer punto: que en el marco de la institucionalidad actual, no hay como solucionar ni la pasmosa falta de cobertura ni la inequidad que exhibe nuestro sistema pensional.

En materia de productividad, el informe habla de diversos tópicos (la justicia, la infraestructura etc.) pero enfatiza, con razón, la traba monumental que nuestro sistema tributario le impone a la modernidad empresarial y propone una reforma estructural que ataque varios problemas de una buena vez, muy al contrario a la estrategia del nadadito de perro colombiano –es decir, despacio y para donde vaya la corriente. Entre otras, propone reemplazar la combinación de altas tarifas corporativas y exenciones venteadas por una tarifa mucho mas baja sin exenciones (como se propuso en 2006), plantea reforzar la tributación personal ampliando la base, y propone una elevación eventual de la tarifa general del IVA, unida a una ampliación de la base gravada.

En materia de informalidad el reporte propone efectuar un ajuste del salario mínimo que lo logre bajar respecto del ingreso promedio observado en el país real. Esta propuesta, que sin duda será satanizada en el tradicional estilo criollo, surge por un hecho evidente para todo el que lo quiera ver: el salario mínimo colombiano es exageradamente alto con respecto a lo que el país puede pagar e impide el acceso a la formalidad de millones de trabajadores, sobre todo jóvenes sin mucha educación.

En materia pensional, el informe propone profundizar la desindexación que se introdujo en 2005 entre el acceso a la mesada pensional y el salario mínimo, cosa que se instrumentó a través de los llamados Beneficios Económicos Periódicos (BEPS). Esta es otra manera de decir que haber optado por exigir que ninguna mesada pensional puede ser inferior al salario mínimo fue un error porque el salario mínimo sube en ascensor y va en el piso 40, mientras que el ingreso de la gente de carne y hueso sube por escalera y la mayoría de los sexagenarios del futuro quedarán atrapados en el piso 20.

El reporte es una adición muy bienvenida al debate económico colombiano en estos momentos en que la marea empieza a bajar y ya veremos quien tiene vestido de baño y quien no tiene. En mi concepto, el diagnóstico global es estupendo y las tres propuestas básicas son muy atinadas, si bien en ocasiones se les va la mano en eso que llaman la “corrección política” y el gradualismo.

En plata blanca, lo que nos está diciendo la OECD es que necesitamos combinar una reforma tributaria estructural que cargue a los individuos y descargue a las empresas, un tatequieto decidido al salario mínimo y un desmarque profundo de las mesadas pensionales respecto de dicha variable. Creo que si le hacemos caso, en unos pocos años viviremos en un país mucho más dinámico en lo económico, mucho mas formalizado en lo laboral y mucho más equitativo en lo social.

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