Por: Nicolás Rodríguez

Otro muerto que se celebra

ARRANCAMOS LA SEMANA, QUE también era la Semana por la Memoria, con la posibilidad de ver en los medios los eventos e informes que organizaron y redactaron los miembros de la Comisión de la Memoria Histórica para abrirles un espacio a las víctimas de la violencia.

En la agenda había y habrá, porque todavía quedan unos días, diversas actividades. Hasta ahí todo bien. Pero entonces apareció el piadoso libro de memorias de Íngrid Betancourt, que según los entendidos hará historia, y el resto de víctimas pasaron a un segundo plano. En su propia semana, otra persona, también víctima, se robaba el show mediático con una noticia que a los medios les era imposible obviar. La ventana abierta al mundo, lo decía Stanislaw Jerzy Lec, puede cubrirse con un periódico.

Sin entrar en disquisiciones de fondo frente a si en Colombia existen víctimas de primera, como las del secuestro político, y víctimas de quinta, tipo las que el paramilitarismo desplazó, quizá podría sugerirse que coexisten, por momentos, dos ritmos de análisis bien diferentes: el del mundo académico y las organizaciones sociales, que se mueven en la larga duración, y el de los medios, que al ceñirse a la tiranía de la chiva se hunden en las atropelladas aguas del vértigo.

Ocurrió por segunda vez en la semana con el abatimiento del Mono Jojoy, el más duro golpe militar recibido por las Farc. La atención mediática continuó, y no era para menos, en el grupo guerrillero y sus víctimas. Fue de tal magnitud el despliegue noticioso que el hecho fue convertido, como tantas otras veces, en el comienzo del fin. Olvidando, pues, que las victorias militares son importantes, claro, pero limitadas. Y que la foto del guerrillero-narcotraficante-bandolero desfigurado a plomo ya la hemos visto suficientes veces.

Antes que regodearse con su nueva presa de caza, el Gobierno haría bien en continuar con sus ímpetus reformistas, porque la guerra no terminará sin soluciones de largo plazo como las ya anunciadas en el campo de las víctimas y sus tierras. La muerte de Jojoy, con todo, es episódica.

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