Por: Julio César Londoño

Otro pelele

VOLVIÓ URIBE A CAMBIAR AL CANciller. Puso un hombre joven, conocedor de la política internacional y diplomático de carrera, es decir, un sujeto perfecto para fungir como segundo secretario de una embajada, nunca el canciller de un país que necesita un mago en ese puesto.

Y será un buen secretario, es decir, alguien que recitará a la perfección el libreto que el Presidente o Juan Manuel Santos le escriban. En ese cargo se necesita alguien con peso internacional: Pastrana, Nohemí, Patarroyo, Luis Alberto Moreno.

Imagínense ustedes la cara que pondrán Chávez, Bush o Zapatero cuando les digan que un tal Jaime Bermúdez, un señor famoso en su cuadra, quiere hablar con ellos.

Uribe sigue nombrando en ese puesto peleles de quinta categoría. Recordemos que primero puso a una señora muy aseñorada, dueña de un inglés perfecto y de unas pañoletas muy finas pero totalmente desconocida fuera de la sábana, Carolina Isacson. Sus principales cualidades eran la elegancia y la mansedumbre. Luego puso a María Consuelo Araújo, una niña preciosa y superfashion pero sin la más remota idea del tejemaneje político del mundo. Luego le dio la coloca a un señor que ya era una notable nulidad antes de su secuestro y que regresó de la selva con su única neurona ruñida por la leishmaniasis. No todo el mundo es Íngrid para emerger fortalecida, lista, oportuna, oruga sublimada en mariposa. Lo normal es que la selva coja a un inteligente joven del Chicó y lo convierta en un sicópata con cerebro de queso gruyere. Claro que si el sujeto entra en la selva con un cerebro tipo queso gruyere, sale como Fernando Araújo, es decir, con los agujeros y sin el queso.

Y ahora nombra al señor Bermúdez, que entró con la pata izquierda porque de su despacho en Buenos Aires se filtró, de manera muy inoportuna, la noticia de su nombramiento, es decir, que carece de la cualidad central del diplomático: la discreción.

El canciller de Colombia debe ser una mezcla de Íngrid Betancourt, Lucho Garzón y Luis Alberto Moreno (BID). Moreno es quizá el único colombiano que puede discutir con alguna pequeña probabilidad de éxito el TLC con los mezquinos pulpos del Norte. Y no por sus conocimientos de economía, que no sirven de nada ante la fuerza bruta del mercado, sino por sus buenas relaciones con los demócratas.

Nadie mejor que Íngrid para manejar con facilidad las relaciones con Europa. Ella puede acabar con dos frases los tres simpatizantes despistados que le quedan a las Farc en Suecia, desde donde transmite Anncol sus espumarajos de babas, y en Dinamarca, donde unos tiernos sujetos venden camisetas para mandarles a los millonarios de las Farc un conmovedor puñado de monedas. Ningún colombiano, ni siquiera Shakira, compite en este momento con Íngrid en popularidad mundial.

Para negociar con nuestro zurdo vecindario, una persona con el humor y la sensibilidad de Lucho Garzón sería clave para romper el aislamiento en que estamos y para ventilar ese olor a guardao que le han imprimido a la política de la región Hugo Chávez y Daniel Ortega.

Pero aún así, este superhombre que imagino tendría problemas para explicar en el exterior el pasado y el presente del Presidente, la ilegitimidad del Congreso, la insensibilidad social del Gobierno, la mezquindad de la oposición.

Ojalá vengan un día tiempos mejores, cuando no necesitemos superhombres en la Cancillería ni mesías en la Presidencia, sino apenas unos coordinadores aplicados que interpreten con grandeza y generosidad un sueño colectivo, un proyecto de nación que nos incluya a todos y que no nos avergüence ante el mundo.

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