Por: Daniel Pacheco

Otros colores del verde

ANTONIO VALENCIA ES EL HÁBIL ALEro del Manchester United, uno de los mejores clubes de fútbol del mundo. Verlo jugar sería un placer si no fuera ecuatoriano.

Confieso que cuando baja con el balón por la banda derecha un acceso doloroso de envidia me hace retorcer. Al punto de que para calmarlo me veo compelido a desear secretamente que se le salga el tobillo. ¿Por qué no hay colombianos en el Manchester?

Los vericuetos verdes del delicioso y destructivo vicio de la envidia han sido estudiados por el Instituto de Ciencias Radiológicas de Japón. En un trabajo reciente los japoneses afirman haber encontrado un incremento de la actividad cerebral en la región del cerebro denominada como la corteza anterior cingulada. Según si a las personas semejantes a uno les va mejor o peor hay impulsos automáticos de placer o dolor en esta región del cerebro.

Aunque la explicación científica me quita un poco la responsabilidad del mal deseado a nuestro hermano ecuatoriano (¡es tu culpa corteza anterior cingulada!), ya abrí las puertas a lo peor de mí. Lo que voy a compartir no es bonito, pero necesito sacarlo en este momento. Mis amigos están montados en una ola de altura moral que mis defectos no aguantan, y acá abajo me siento abandonado. Este es un llamado a los imperfectos: ¿hay alguien ahí?

No soy decente. Me gusta escupir en la calle. A veces les grito palabras soeces a las mujeres. Digo groserías. Me gusta la pornografía. He tenido malos pensamientos con colegialas. Me río de los chistes racistas, sexistas y demás.

No soy del todo legal: el otro día le di 40 mil razones a un policía para que me dejara ir luego de haber cometido una infracción. No fue la primera vez. He evadido impuestos. Compré trago de contrabando en San Andresito y películas piratas en la calle. Soy un pequeño aportante del narcotráfico.

No soy ético: además de todo lo anterior, le he mentido a varias mujeres. He sido infiel. En ocasiones he sacrificado los medios para lograr mis fines. He sido hipócrita.

No creo en las cosas sagradas: ni las hostias, ni la Virgen, ni los dineros públicos, ni la vida. No hay aquí desprecio a la vida o al erario, ni mucho menos a las vírgenes; es sólo falta de convicción metafísica.

El exhibicionismo de mis defectos viene a cuento ahora que Antanas Mockus y el Partido Verde le hacen la siguiente propuesta al país: “Todos mejorando sacamos a Colombia adelante”. Los Verdes ponen el énfasis en cada ciudadano. Por eso privilegian la cultura para la superación personal. Al soltar ese voto los ciudadanos no sólo apoyarán a un candidato, también harán una promesa personal de compromiso. Lo de los Verdes es una propuesta colectiva de autoayuda patriótica. Ser Verde no es sólo una postura política, es una forma de vida.

Si uno se la toma en serio, la propuesta de Mockus es atrevida. Por supuesto que yo quiero que el país mejore, ¿pero quiero yo mismo mejorar? ¿Estoy dispuesto a dejar mis pequeños vicios? No más sobornos, no más contravías, no más evasión, ¿no más perversión?

Envidio a los Verdes convencidos.

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