Por: Luis Carlos Vélez

Otros efectos del proceso de paz

Es extraño que la izquierda colombiana no apoye vehementemente el proceso de paz, cuando de su éxito depende la verdadera posibilidad de que llegue al poder.

Basta con tan solo ver el barrio donde está ubicada nuestra nación para darnos cuenta de que somos el niño diferente de esta parte del planeta y entender que prácticamente hay un solo elemento que no deja que recorramos su mismo camino: las Farc.

Argentina, Venezuela, Brasil, Bolivia, Ecuador y hasta Uruguay son países en los que los líderes de izquierda han llegado a la jefatura del estado defendiendo las banderas de la inclusión social, la redistribución de la riqueza, la defensa del agro, el rechazo a las multinacionales y, en algunos casos, la lucha de clases. Por lo tanto, si se tiene en cuenta que Colombia no es un país muy diferente al resto de nuestra región, tanto en términos demográficos, históricos como económicos, entonces vale la pena preguntarse: ¿Por qué en esta nación no ha llegado un líder de izquierda al máximo puesto político del establecimiento?

La respuesta puede estar en que todo lo que suene a izquierda tiene un pequeño tufo a guerrilla. Se trata de una premisa tan desafortunada como errónea. En nuestra nación, los últimos gobiernos se han hecho elegir proponiendo lo mismo: combatir la insurgencia. Sin embargo, cada una de las administraciones ha implementado una estrategia diferente: Pastrana prometió el diálogo, Uribe el combate y Santos dio un giro nuevamente hacia el camino de las negociaciones. Pero, ¿qué ocurriría si las Farc dejan de existir como un grupo combatiente al margen de la ley? Entonces, se acabaría el estímulo para que los colombianos siguieran votando por gobiernos que prometan eliminar a la guerrilla y que comulgan con el mismo modelo de desarrollo económico y por lo tanto se abriría la posibilidad para que los promotores de otros modelos, como los de izquierda, entraran realmente al juego por la baraja presidencial.

Colombia es el único país en la región que mantiene un conflicto interno. Ni Venezuela, ni Ecuador, ni Bolivia, ni mucho menos Brasil, tenían esa clase de problema cuando eligieron a Chávez, Correa y Evo Morales. ¿Entonces en el momento en que la lucha contra la guerrilla en Colombia se acabe, significará la llegada de un líder con esas características? Desde el punto de vista meramente económico la respuesta es positiva. Si nuestro país dejara de lado su guerra interna, el debate nacional se centraría en la manera de acabar la pobreza y distribuir el ingreso.

Así las cosas, no se entiende por qué la izquierda colombiana no le está apostando abiertamente al proceso de paz, ni tampoco como la guerrilla sigue poniéndole zancadilla al proceso. Lo que sí es cierto es que una vez la insurgencia haga parte legítima del debate político, este podría eventualmente elevar su nivel. Qué bueno sería debatir ideas sin balas, pero también sin manzanillos que entregan notarías. El verdadero debate político se da con ideas y ojalá lleguemos allá para definir sin la presión de la violencia si el país desea implementar el camino de Ecuador, Bolivia y Venezuela, o si por el contrario nos vamos por la autopista que nos enseña Chile. Bueno hacerlo con debates, no por la fuerza impuesta por la violencia de las Farc, ni por la politiquería del resto.

 

 

Luis Carlos Vélez. Director Noticias Caracol.

 

Twitter: @lcvelez /

 

 

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