Por: Columnista invitado

Otros horizontes

¿Para qué existe una feria del libro? En una columna reciente en este mismo diario se debatía un poco el asunto; una de las hipótesis sugeridas es que a la feria se va porque toca ir, porque es algo que sucede y qué más hay para hacer un domingo entonces.

Dejando un poco de lado este asunto, las novedades editoriales pueden ser buena parte del motor que impulsa la sola idea de una feria del libro. Tal vez. Suena medianamente coherente.

Algunas de las apuestas más interesantes, al menos para esta versión de la Feria, se encuentran en los estantes de editoriales independientes, pequeñas empresas que tanto en Colombia como en otras latitudes comenzaron a conquistar nichos de lectores, personas que desean otra cosa aparte del éxito en ventas (aunque en algunos casos los buenos resultados en el mercado también provengan de uno de estos proyectos editoriales).

Los riesgos son muchos, claro. Algunas de estas empresas aún se sostienen, al menos en parte, mediante el ofrecimiento de servicios editoriales, una necesidad que ayuda a financiar el sueño. Y el sueño tiene que ver, al menos en cierta medida, con ir a una feria para ofrecer buenos títulos que puedan llegar a nuevos lectores, a un público apasionado que valora el objeto y la historia que contiene. Una mala racha de feria puede ser algo medianamente letal.

El registro que ofrecen las editoriales independientes es amplio, incluso refrescante. Otras ideas, otras narrativas, otros autores; en formatos improbables, libros hechos con esmero en tirajes que a la luz de la gran industria resultan mínimos, tal vez, pero que con seguridad son objetos más cuidados.

La cosa puede empezar en libros infantiles (uno de los renglones más interesantes en esta versión de la feria), tanto de autores nacionales, como extranjeros; objetos elaborados en otros formatos, con un agudo sentido visual: un placer sensorial, por decir lo menos.

También hay novela: historias de detectives, relatos que parten de la vida alucinante de algunos personajes (como el cronista bogotano conocido como Ximénez) y relatos que, de cierta forma, hacen un vínculo entre los medios tradicionales y las herramientas digitales.

Explorar nunca está de más. En esta feria bien vale la pena descubrir otros horizontes, diferentes maneras de aproximarse a un objeto tan conocido y versátil como el libro.

 

* Santiago La Rotta

 

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