Otros también lavan, barren, cocinan y…

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Es probable que muchos otros de cuantos jamás imaginamos de caseros también se han calzado el delantal y los guantes para apoyar a sus mujeres en los quehaceres domésticos de la casa: lavar la ropa y los platos —la loza, dicen los del altiplano—, barrer y trapear la sala y los cuartos, aspirar las alfombras —más de interioranos que de caribes—, cocinar y sacar a flote inexistentes dotes culinarias.

Y todos, por gracia de una cuarentena que ya rebasó su estadio semántico y se emboca por los laberintos de un tiempo sin fechas, debocado en las praderas de una peste que, sin barrera alguna que pueda atajarla, salta de la legendaria y extensa China y cae, invisible y sin hacer ruido alguno, en la imperial península itálica, la campiña francesa, la unión americana o las alucinantes sabanas de Córdoba.

Igual o parecida es esta que hoy estropea el mundo a otra que en “pestilentes tiempos” asoló a Florencia por allá en 1348, narrada en diez días por siete mujeres y tres jóvenes (Decamerón), enclaustrados para protegerse del contagio en una ciudad en la que “enfermaban a millares por día, y no siendo ni servidos ni ayudados por nadie, sin redención alguna morían todos”.

Eran tiempos también de otra peste: la de una servidumbre que reducía a mero “objeto” a la mujer, sobre la cual recaía todo el vergonzoso e inicuo peso de un modo de explotación, sumisión y degradación humana que la reducía a simple valor de uso, el mismo que aún la signa, pero revestido de formas y formalidades que para nada lo “desnaturalizan”.

No siendo mucho en lo que podemos contribuir, más por fuerza de la costumbre que por desgano, aquí van otros que se aprestan con los alamares de la servidumbre doméstica para expiar su culpa milenaria de no hacer oficios y quehaceres de mujeres, de ser domésticos, cuando menos por unos meses, porque esto va para largo.

Rafael Jiménez Pérez, comerciante, vive en Valledupar: “Mi tarea diaria en la casa, desde siempre, ha sido lavar la loza. En esta cuarentena me han adicionado, 'voluntaria y obligatoriamente', barrer la terraza, el patio y el frente interno, recoger y sacar la basura, auxiliar de cocina… el día que puedo salir hago las compras en el supermercado, que incluye sin excepción el regaño por no haber traído lo indicado… cuando trato de descansar, inmediatamente me buscan cualquier oficio…”.

Pedro Olivella Solano, poeta, es magistrado en el Tribunal Administrativo de Córdoba: “Mi único oficio casero es lavar los platos y entretener al nieto de tres años… la diferencia que marca el antes y el hoy de la cuarentena es la ropa: ahora no uso ropa convencional, paso todo el día en pantaloneta… y trabajo con igual o más intensidad…”.

Luis Rafael Vergara Quintero, de Sincelejo (Sucre), vive en Quito (Ecuador), expresidente del Consejo de Estado de Colombia, expresidente y magistrado del Tribunal Andino de Justicia en Quito: “Mi día a día transcurre así: regar las matas cada tres días, cocinar —de lo cual no tenía idea (instrucciones de mi mujer y de Google)—, lavar los platos y la ropa, limpiar los baños, barrer y trapear todo el apartamento, tareas estas que nunca hice y algunas veces menosprecié… hoy me doy cuenta de la importancia que tienen en la organización familiar y en los derechos laborales de las trabajadoras. En la madrugada y por la tarde, dispongo las actividades del Tribunal Andino y preparo, con el resto de las magistraturas de la subregión, las salas de decisión…”.

Álvaro Fadul Chadid, vive en Montería, trabaja en la Universidad de Córdoba: “No solamente los personajes que mencionaste en tu columna hacen oficios caseros en esta pandemia… yo también lavo, plancho y cocino… he aprendido a elaborar con exquisita sazón quibbes y comida árabe, pastas, musaka y platos criollos… quedas invitado con Betty, después de que pase esta pandemia, a degustar el platillo que escojan…”.

Jmantilla01_68913, sección de Comentarios, El Espectador: “Cristo, no tengo el estatus de los personajes de la columna en cuanto a los oficios en casa pero me apunto con los míos, soy trabajador independiente, me levanto con la duda en lo que se va a comer, hay pocas cosas en la nevera, hay poca basura por botar, camino de un lugar o otro, mi mujer me dice que lave la loza, cocino de vez en cuando, y esperando que las ayudas lleguen pero nada…” (sic).

* Poeta.

@CristoGarciaTap

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