Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Pacto Global: ¡Bicicletas NO!

La Procuraduría General de la Nación, la Red de Soluciones Sostenibles de Naciones Unidas, el Centro para Inversiones Sostenibles de la Universidad de Columbia (Estados Unidos) y la Cámara de Comercio de Bogotá (CCB) convocaron la semana pasada al simposio internacional Construyamos el Pacto Global por el Ambiente (PGA). Este PGA busca consolidar un tratado internacional que integre los principios del derecho al medio ambiente y que tenga carácter de obligatorio cumplimiento.

La iniciativa fue lanzada en París (junio/2017) en la conferencia Hacia un PGA: Actuar por el planeta, actuar mediante el derecho. Para Colombia, contó entre sus promotores con Jeffrey Sachs, asesor principal del director de Naciones Unidas para temas ambientales, quien propuso vincular al sector privado mediante reglas claras para recorrer la senda de la sostenibilidad ambiental.

Buscando asistir al PGA me sucedió algo que dice mucho sobre la primitiva etapa en la que nos encontramos los colombianos en general, y el sector privado en particular, en nuestra gestión por un ambiente sano.

Dado que el PGA propone bajar las emisiones en carbono, resolví irme en bicicleta y asumir el costo de llegar un poco sudado a tan magno evento social, donde asistirían procurador, ministro de Ambiente y otras personalidades. El evento fue en Ágora, un recién inaugurado centro de convenciones de la CCB, considerado el tercero más importante de América Latina.

Cuando busqué el parqueadero de Ágora para dejar mi bicicleta, el portero me dijo: “Acá no hay lugar para bicicletas”. “¡Cómo así! –repliqué–. ¿Acaso éste no es un moderno centro de convenciones?”. El portero, muy seguro, como quien se refiere a lo moderno y elegante, afirmó: “Así es, acá sólo hay parqueo para automóviles”. Sintiendo que me quería decir que ir en bicicleta no tenía “nivel”, le dije: “Se la puedo dejar amarrada al poste de acá afuera, le echa un ojo y le doy una propina”. Me reiteró: “No, señor, la orden es no bicicletas”. Indignado, le pregunté dónde podía dejarla. Respondió que a unas cuadras en el parqueadero de la Feria Exposición, también perteneciente a la CCB.

Pensando que había encontrado una solución, busqué el parqueadero, pero para ingresar el portero me pidió un candado o algo para asegurarla, la tarjeta de propiedad, darle el número del marco de la bicicleta y llenar un formulario. ¡Imposible cumplir todos esos requisitos! Respiré profundo; la responsabilidad no era del portero, sino de sus jefes que no quieren recibir bicicletas. ¡Para un auto no piden todo eso!

Cuando llegué al evento, saludé a Sachs, quien me preguntó cómo estaba y le dije: ¡Mal! Le conté que la CCB convocante del PGA prácticamente impide que uno vaya en bicicleta. Se sorprendió.

Luego, para mi regocijo y el de los ciclistas, Sachs, en su discurso inaugural, dijo que esperaba que en 30 años todos los carros fuesen eléctricos y que —al contrario de lo que había sucedido hoy a un visitante en el parqueo de un centro como ese—, en 20 años el portero respondiera con seguridad: “Acá solo hay parqueo para bicicletas, no para automóviles”.

Sachs me sirvió la papaya para recriminar a los funcionarios de la CCB, que no han pensado en la modernización, ni han interiorizado el cambio de actitud que requiere un PGA.

Este y muchos cambios más serán necesarios para hablar con seriedad de negocios sostenibles, superar el oportunismo y gestionar cambios éticos contundentes. Esperamos un ejemplo positivo de la CCB.

 

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