Por: Santiago Montenegro

Pacto por Colombia

EL FUTURO DE MÉXICO SE PUEDE estar definiendo en las próximas semanas y, quizá, en los próximos días.

Todo depende de que no se caiga el llamado Pacto por México, un acuerdo firmado por el partido de gobierno, el PRI, y los partidos de la oposición, el PRD y el PAN, para eliminar críticos cuellos de botella en el desarrollo económico y social de ese país, problemas cuya resolución es considerada imprescindible para que México entre en una senda que en pocos años lo sitúe en el grupo de los países desarrollados. Es una especie de Pacto de la Moncloa, que acordaron todos los partidos políticos españoles después de la muerte de Franco. Entre el casi centenar de compromisos puntuales alcanzados figura un plan de modernización de la educación, la apertura de los sectores eléctricos y de hidrocarburos a la inversión privada, incluyendo a Pemex, combatir los monopolios, licitar más canales de televisión y una reforma electoral, que incluye la anulación de elecciones cuando se compruebe que se ha rebasado el tope de gastos de campaña permitido por la ley.

Este pacto, que hacía aparecer a Peña Nieto como un hombre de consenso y a los líderes de la oposición, en especial a los de la izquierda, como políticos de Estado, hizo agua cuando se descubrió que la secretaria (ministra) de Desarrollo Social, Sedesol, que maneja los programas sociales, y el gobernador de Veracruz, habían acordado un esquema para entregar plata a los más pobres a cambio de votos para el PRI en las elecciones regionales del 7 de julio. Es decir, la clásica mezcla de clientelismo con corrupción —la compra de votos— tan común en todos nuestros países. Inmediatamente se comprobó este burdo esquema, tanto el PRD como el PAN anunciaron que abandonaban el Pacto por México y el programa de gobierno de Peña Nieto quedó hecho trizas. Después de forcejeos para defender a su ministra, Peña Nieto se vio forzado a echar para atrás y planteó la que, quizá, llegue a ser la más importante de todas su reformas. Es un acuerdo para hacer transparente los padrones y el uso de los programas sociales de todos los niveles de gobierno y evitar, así, que se usen con fines electorales. La idea es crear un protocolo que controle los padrones de beneficiarios, monitoree a los delegados de las entidades que manejan los programas de subsidios y audite el uso de los recursos.

Es indudable que son momentos críticos en la historia de México. De allá vinieron los programas de subsidios condicionados y de allá también puede venir la solución a la manipulación de los programas sociales con fines electorales. Pero lo que el caso de México muestra es que la solución de estos problemas pasa por la política. Si la política no funciona, las mejores ideas académicas y tecnocráticas se quedan en el tintero. Con pocas variaciones, los problemas que enfrenta México son también los nuestros. ¿Cuándo se va a proponer una gran Pacto por Colombia? ¿Quiénes son los actores que deberían firmar dicho acuerdo? ¿Cuáles son los compromisos mínimos que debería incluir? ¿Debería contener las conversaciones de paz que se adelantan en La Habana? No pierdo la esperanza de que nuestros políticos, anteponiendo sus intereses personales, muy pronto actúen pensando en los grandes intereses de la Nación.

 

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