Por: Santiago Montenegro

Pacto por Colombia

Con mucha razón se pregunta Eduardo Posada Carbó, en su columna de El Tiempo, por qué la propuesta que hizo Luis Alberto Moreno para invitar a todas las fuerzas políticas para un gran pacto por Colombia no ha tenido más acogida.

Quizá la razón sea que, más que una propuesta formal, lo que el presidente del BID hizo fue simplemente mencionar una buena idea, entre otras, en una larga entrevista que le hizo Yamid Amat. Pero es posible, también, que, ante los rumores sobre una posible candidatura suya a la Presidencia, algunos sectores y medios, temerosos ante tal eventualidad, decidieron no darle resonancia a su propuesta, creyendo que si lo hacían estarían promocionando su supuesta campaña. Pero, en la misma entrevista, el mismo Moreno descartó de plano la posibilidad de una candidatura, afirmando que tiene el compromiso de completar su segundo mandato en la presidencia del BID, para lo cual le faltan aún dos años. En estas circunstancias, y dada la importancia que podría tener un gran pacto por Colombia, la propuesta de Luis Alberto Moreno no debería caer en saco roto.

¿Por qué hace falta un acuerdo o pacto por Colombia? Sencillamente, porque tenemos muchos problemas cuya solución es no sólo inaplazable, sino que depende de la voluntad y decisión política de todos los partidos y grupos para realizarla. Más aún, resolver varios problemas no es problema ni siquiera de plata. Es cuestión de concertar las reglas de juego, como cuando se ajustan las convenciones del tránsito para tener un flujo de carros ordenado y seguro en las calles. Jamás podrá haber un tráfico ordenado, seguro y fluido si unos carros cruzan en verde, otros en amarillo y otros en rojo. Algunos pueden argumentar que ya tenemos la Constitución y que esas son las grandes reglas de juego. Eso es cierto, pero necesitamos otras en el plano menos abstracto y más concreto del logro de la paz, una mayor igualdad, reducción de la pobreza, transparencia del Estado y la eliminación de la corrupción. Puede ser tan amplio como se quiera, pero el acuerdo exige una mínima condición: tienen que estar presentes, sin excepción, todos los actores políticos que creen en la democracia y las instituciones republicanas. Porque, como ha argumentado el mismo Posada Carbó, ¿cómo es posible que la oposición y el Gobierno no se sienten a dialogar en tanto el Gobierno sí se sienta a la mesa de negociación con los enemigos de las instituciones? Por supuesto, el primer punto de un posible pacto por Colombia debería ser el proceso de paz, especialmente si, como lo planteó el diario El Tiempo en su editorial del domingo, va a haber una pausa en las negociaciones durante el proceso electoral. Tiene razón ese editorial al afirmar que nunca se había llegado tan lejos en un proceso de negociación, pero, infortunadamente, la mala fe y la obstinación de las Farc no permitieron avanzar al ritmo que todos esperábamos. Del modelo del Acuerdo de Viernes Santo, en el Reino Unido, aprendimos que su éxito dependió críticamente del compromiso que tenían todos los partidos británicos, y lo mismo sucedió en el caso de Eta con los partidos españoles. ¡Qué bueno sería que cuando se retomen las negociaciones de paz estén presentes todas las grandes fuerzas políticas! Ese sería el primer punto del pacto por Colombia.

 

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