Por: Tatiana Acevedo Guerrero

Pactos y dicotomías

El presidente del BID, Luis A. Moreno, pidió a la dirigencia nacional llegar a consensos sobre reformas fundamentales, en un pacto similar al Pacto de México.

El Tiempo retomó la propuesta, afirmando que el sector privado debe tomar la iniciativa, “de lo contrario, las decisiones quedarán en manos de los políticos que piensan en la próxima elección”.

La iniciativa, que probablemente tendrá más ecos, está montada sobre dos dicotomías escurridizas, que restringen el debate.

La primera, de consenso versus disenso, no da cuenta de una serie de matices. Hay en Colombia consensos para hacer frente a políticas estatales, es decir, grandes consensos sobre disensos: alianzas de grupos que proponen alternativas a la guerra contra las drogas, coaliciones de organizaciones LGBTI (a pesar de la Procuraduría) o amalgamas entre comunidades que se oponen abiertamente al modelo minero extractivo. Los consensos, además, no están exentos de tensiones (¿disensos?). El Frente Nacional gestó muy temprano escisiones al interior de los partidos en consenso. Y consenso no es sinónimo de continuidad (volviendo al Frente, puede recordarse cómo Pastrana desmontó la política agraria de Lleras Restrepo).

La segunda es la de lo público (o “lo electoral”) versus lo privado. ¿A qué se refiere El Tiempo por “sector privado”? ¿Dónde se trazan los límites? Las iniciativas privadas no son nunca vírgenes, “limpias” de política electoral, pues entre ambas categorías hay nexos y transacciones. Por lo demás, las satanizaciones de la política electoral suelen favorecer a algún candidato. Para usar el mentado ejemplo mexicano, el Pacto de México será recordado como legado de Peña Nieto.

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