Por: Edward Wong

Padres chinos y el soborno

EL OFICIAL FUE POR YU TINGYUN a su aldea una noche de la semana pasada. Le pidió a Yu que subiera a su automóvil. En las manos llevaba un contrato y una pluma.

La hija de Yu había muerto en una cascada de concreto y ladrillos, una de aproximadamente 240 estudiantes en una escuela preparatoria de la localidad de Hanwang que perdieron la vida en el terremoto del 12 de mayo. Yu se convirtió en uno de los líderes de los padres en duelo, exigiendo saber si la escuela, al igual que tantas otras, se había derrumbado a causa de una construcción deficiente.

El contrato había sido lanzado a la cara de Yu durante un largo interrogatorio de policía el día antes. A cambio de su silencio y por afirmar que el gobernante Partido Comunista “movilizó a la sociedad a fin de ayudarnos”, él recibiría un pago en efectivo y una pensión.

Yu, correoso chofer de 42 años de edad, se había resistido en ese momento. Esta vez, tomó la pluma. “Cuando vi que la mayoría de los padres de familia lo habían firmado, yo mismo lo firmé”, dijo Yu, con voz queda.

Los gobiernos locales en la devastada provincia de Sichuan, en el suroeste del país, ya lanzaron una campaña coordinada para comprar el silencio de iracundos padres de familia cuyos hijos murieron durante el terremoto, con base en entrevistas a más de una docena de padres de familia de cuatro escuelas que se vinieron abajo. Los funcionarios los amenazan, diciéndoles que no recibirán nada si se niegan a firmar, destacaron estos jefes de familia.

Funcionarios chinos habían prometido una nueva era de apertura en vista del sismo y en los meses previos a la Olimpiada de Verano, la cual empezará en agosto. Sin embargo, la presión sobre los padres de familia es una señal de que los funcionarios están decididos a crear una fachada de armonía popular, en vez de lanzar una averiguación real sobre alegatos relativos a que la malversación de fondos contribuyó a la elevada cifra de muertes del terremoto.

Los funcionarios han llegado a las puertas de los padres de día y de noche. Están tan determinados a lograr que los padres de familia cumplan que, en un caso, un alcalde ofreció pagar el boleto de avión de una madre que había salido de la provincia para que, de esta forma, ella pudiera regresar a firmar el contrato mencionado, dijo esta mujer.

Los montos de estos pagos varían de escuela en escuela, pero eran casi iguales. Los padres de familia en Hanwang dijeron que les estaban ofreciendo el equivalente de 8.800 dólares en efectivo y una pensión para los padres de casi 5.600 dólares.

Rebosante de ingresos fiscales tras dos décadas de crecimiento económico de dos dígitos, China ha utilizado su fuerza financiera para convertir a Beijing y Shanghái en escaparates arquitectónicos y para abrir puertas diplomáticas en África y América Latina. A veces, el Estado unipartidista también actúa como una corporación multinacional que enfrenta una demanda por la responsabilidad de un producto, ofreciéndole dinero a la gente que presenta quejas con la esperanza de restarle vigor a las protestas populares. La mayoría de la gente, asume el Gobierno, a final de cuentas antepone la ganancia a los principios.

Todo parece indicar que esta táctica funciona, incluidos los casos de las escuelas que colapsaron. Muchos padres de familia dicen que firmaron el contrato, aun cuando estaban inconformes con las cláusulas y pese a que siguen enojados ante la falta de cualquier investigación real.

“La mayoría de los padres ahora están cansados de esta situación”, comentó Liu Guanyuan, de 44 años de edad, cuyo hijo de 17 años murió aquí, en el colapso de la Secundaria Dongqi, también el sitio de la tumba de la hija de Yu. “Hay un dicho chino: la gente demanda al gobierno, y al gobierno le da lo mismo”.

De manera similar, los funcionarios están disparando flechas más tradicionales en su temblor autoritario: oficiales antimotines han roto protestas de padres de familia; las autoridades han acordonado las escuelas; y algunos funcionarios le han ordenado a los medios noticiosos de China que dejen de informar sobre el colapso de escuelas. Un defensor de los derechos humanos que intentaba brindarle ayuda a un grupo de jefes de familia, Huang Qi, ya fue encarcelado.

Dirigentes de gobiernos locales han prometido en repetidas ocasiones que llegarán al fondo de las razones por las cuales la asombrosa suma de 7.000 aulas se desplomaron en el sismo, matando a 10.000 niños. Sin embargo, hay muy pocas pruebas de que se haya efectuado algo más que un examen condenatorio, aunado a algunas indicaciones de encubrimiento. Incluso a medida que continúan las negociaciones con algunos padres, los gobiernos locales ya terminaron la demolición de los restos de muchas escuelas, dando la impresión de haber cerrado la puerta a una investigación plena.

El tema sigue siendo uno de los más delicados que enfrenta el Gobierno chino. Muchos padres de familia acusan a funcionarios locales de negligencia o corrupción durante la construcción de las escuelas. Algunos de ellos dicen que aún abrigan la esperanza de que el Gobierno Central emprenda acciones, y planean viajar a Beijing para entablar peticiones después de la Olimpiada.

“Nosotros no deseamos meter en problemas al Gobierno antes de los Juegos Olímpicos”, destacó Yu. “No queremos hacerle daño a la imagen de la nación”.

El New York Times obtuvo una copia del contrato de compensación ofrecido a los padres de Hanwang. Está redactado como si los padres de familia estuvieran suplicándole dinero a un magnánimo gobernante.

“A partir de este día y en lo sucesivo, bajo la dirigencia del partido y del Gobierno, nosotros obedeceremos la ley y mantendremos el orden social”, dice. “Juramos de manera resoluta que no participaremos en actividad alguna que altere la reconstrucción posterior al sismo”.

Otra sección está repleta de elogios dirigidos al Partido Comunista: “Un desastre natural es despiadado, pero el mundo está lleno de amor. El partido y el Gobierno nos tendieron sus manos y movilizó a la sociedad para que nos ayudara y aliviara nuestras dificultades. En este sentido, ¡nosotros apreciamos sinceramente la ayuda y el cuidado por parte del partido, el Gobierno y la sociedad!”.

El contrato no asienta el monto del pago, el cual los funcionarios discuten de manera oral, comentaron los mismos padres.

Un padre de familia, Ye Liangfu, dijo que era injusto que los padres de estudiantes de bachillerato no estuvieran recibiendo más que los padres de hijos de edad menor que perdieron la vida. “Los padres de familia cuyos hijos en preescolar murieron, son jóvenes, ellos pueden tener otro hijo”, dijo.

*Periodista norteamericano y corresponsal del The New York Times.

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