Por: Iván Mejía Álvarez

Páez, en la cuerda floja

Richard Páez afirmó esta semana con tono electoral que Millonarios se encuentra bien, que él tiene mucha confianza en revertir la difícil situación y que con él, sí, con él, se había salido de la gravísima crisis que encontró cuando llegó a la institución en julio de este año. Eso dijo, eso publicaron los noticieros de televisión y eso se vio en los canales internacionales.

No sobra recordar que Páez es un tipo estructurado, estudiado, con un bagaje intelectual que le obliga a medir bien lo que dice y a responder por todo lo que afirma. No es lo mismo sopesar una declaración de un semianalfabeta, como hay muchos en el mundo del balón, que la de un técnico con recorrido, ex manejador de selección nacional, viajado y con predicamento.

Por eso, porque viene de él, es inaceptable aceptarle a Páez que quiera meterles el dedo en la boca a la hinchada y a quienes consideran un terrible fracaso lo que ha hecho hasta ahora el técnico venezolano. Cuatro puntos de 24 disputados es un porcentaje ínfimo de rendimiento. Por menos han echado a las patadas a todos los técnicos que últimamente han pasado por ese horno crematorio que es Millos.

Pero no sólo es el resultado, es el fútbol y la expresión de Millonarios en la cancha. Juega mal, un futbolito lento, lateral, improductivo, sin explosión, sin variantes, sin alternativas tácticas. Millos es un equipo previsible, anodino, al que le hacen fácilmente goles y al que le cuesta un montón llegar al arco adversario. Páez, pues, no ha “salido de la crisis” como risiblemente afirmó; por el contrario, se encuentra en el ojo del huracán y con el descenso ad portas. El venezolano dijo que no ha mirado la tabla de clasificación. Afirmación gravísima, pues lo único que indica es que el hombre anda tan perdido que no sabe ni dónde está parado. La dramática clasificación a último momento en la Copa Colombia no cambia el balance.

A Páez se le acusa de manejar mal tácticamente al equipo y equivocarse en los cambios. De no conocer su plantilla. Tardó ocho fechas para enterarse de que Luis Delgado es mejor que Obelar, recomendó a Cíchero y el defensor hasta ahora es un lento y ridículo refuerzo. Y quienes le quieren defender afirman que una mala nómina, una plantilla de mentiritas, fue lo que recibió de la “administración López-García”, la dupla maldita que dejó arrasado a Millos. Sí, que Páez recibió una herencia fatal, pero él ha ayudado con malas contrataciones y pésimos manejos tácticos.

Seleccionó el peor asistente que encontró y desechó la posibilidad de que gente como Cerveleón le diera una manito. Al que seleccionó para ayudante era el quinto técnico, el más malo de todos.

Páez tiene que entender el mensaje claro del presidente Arango: “El club no tiene dinero para pagarle en este momento una indemnización al técnico”. Es decir, Páez está en Millos porque no hay plata para liquidarlo. No está por bueno o porque se lo merezca, sencillamente porque no hay plata con qué echarlo. Es así de sencillo y así de claro. El resto es verso.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Iván Mejía Álvarez