Por: Felipe Zuleta Lleras

Pagando un karma

No tengo para nada claro qué pecados habremos cometido los colombianos para tener que cargar el karma que estamos pagando.

Aparte de malos gobernantes, algunos jueces corruptos y un Congreso ineficiente y chantajista, nos toca también lidiar a diario con la ineficiencia permanente, no solo del Estado, sino del sector privado.

En lo que tiene que ver con los servicios que presta el Estado, ni hablar. Traten de pagar un recibo predial o de hacer una reclamación para ver cómo les va. Y si se trata del caso de la destrozada Bogotá, no es sino subirse al Transmilenio, como sardinas, cuerpo contra cuerpo, cara contra cara, culo contra culo. Las colas son interminables y, lo que en sus inicios funcionaba bien, hoy por hoy es el diario martirio de miles de ciudadanos. Pero si usted es de los “afortunados” de moverse en carro, pues acuérdese cómo son los trancones eternos a todas horas, por cuenta de las decisiones arbitrarias del señor Petro.

Pero eso sí, trate de pagar sus impuestos para que vea cómo le va. Entre otras cosas porque no hay nada más ineficiente que el sector financiero del país. Las colas son interminables y todos los servicios son costosos a decir no más. Esta semana solamente hube de pedir una chequera, que vale más que el libro más costoso que publica Villegas Editores. Cobran por todo y eso no sería malo si sus servicios correspondieran a sus costos. No en vano ganan billones al año.

Ahora bien. Dios lo libre a uno de tener que ir a una oficina de Claro o de Movistar. El jueves, por ejemplo, alguien fue a pagar su servicio y como no tenía la factura no le querían recibir la plata. Le tocó ponerse furioso y decirle a la señorita que lo atendía: “niña, no vine a pedir un préstamo, vine a pagarles. ¿Acaso eso es muy difícil?”.

Pero eso sí, le mandan a uno unos mensajes estúpidos permanentemente, como aquel de que hable con su novia por tan solo X plata el minuto. O sea, importunan y fuera de eso cobran carísimo. Pero eso sí, no pasa nadaaaaa. Y si de llamar se trata, mejor ni hablar. Todas las llamadas se caen.

Los colombianos debemos tener mucha paciencia o somos muy estúpidos, porque nos aguantamos toda clase de vejámenes del Estado y de las entidades del sector privado que prestan servicios públicos y no pasa nada. Nos tragamos los sapos como si tuviéramos que estar resignados a tragarnos esos batracios endemoniados. Tal vez este país acabó convertido en ese infierno para los ciudadanos porque cuando nos conquistaron los españoles tuvieron la gentileza de mandarnos putas, ladrones y notarios. Y he ahí los resultados. Nada, absolutamente nada, funciona. Pero eso sí, a pagar impuestos y tasas juiciosos porque ahí sí el Estado ladrón, como decía Carlos Lemos, se vuelve muy eficiente.

Notícula.

Ojalá el procurador decida rápido sobre las sanciones que le impondrá al alcalde Petro, porque no es bueno que el alcalde no sepa a qué atenerse. Y como quiere montar un movimiento subversivo, no lo detengan.

 

 

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