Por: Mauricio Botero Caicedo

País de tarados, aturdidos y desinformados

Justificando más de 50 años en el monte, el cabecilla de las Farc ‘Iván Márquez’, en carta al procurador afirma: “Es por lo que hemos luchado: justicia social con igualdad, bienestar para todos, calidad de vida al alcance del pueblo, justicia en la tenencia de la tierra, justicia en los campos y en las zonas urbanas, educación y trabajo digno con remuneración a la altura de las mínimas necesidades”.

No albergo la menor duda que las Farc asumen que somos un país de tarados, aturdidos y desinformados porque simple y llanamente no somos capaces de entender. Más de un millón de civiles que han sido afectados por la oleada de ataques irracionales y terroristas de las Farc contra la infraestructura del país no entienden a cabalidad que todos estos ataques, que dejaron sin agua y energía a departamentos enteros, lo que buscan es la ‘calidad de vida al alcance del pueblo’. ¿Cómo es posible?, se preguntan las Farc, ¿que este millón de tarados no entienda que volar torres de energía, derramar crudo, dinamitar carreteras y activar explosivos contribuye de manera efectiva es al ‘bienestar para todos’? ¿Cómo no entienden que el único propósito de estos atentados es para lograr ‘justicia social con igualdad, bienestar para todos y calidad de vida al alcance del pueblo’?

Es un país de aturdidos y desinformados porque los colombianos no entienden que las Farc deben acudir de manera sistemática al asesinato, al sabotaje y al terror contra la gente con el fin de lograr ‘justicia social con igualdad’. Según la columnista Cristina de la Torre, (El Espectador, junio 16/15), “Farc y Eln cometieron el 90% de los 27.023 secuestros reportados por razón del conflicto en cuatro décadas. Y dominaron en muerte de civiles por acciones bélicas, cuando introdujeron el uso de cilindros-bomba. La masacre de Bojayá arrojó 79 víctimas que se refugiaban en una iglesia. Y una voladura de oleoducto en Machuca por el Eln incineró en un infierno a 73 personas. Las Farc se tomaron a la brava 417 poblaciones. El sabotaje a la infraestructura vial, eléctrica y petrolera ha sido práctica consuetudinaria de la insurgencia. Entre 1988 y 2012 hubo 95 atentados terroristas, 75 de ellos perpetrados por esas guerrillas”. ¿Cómo es posible —se cuestionan los terroristas— que los 50 millones de colombianos no entiendan que todo lo anterior se llevó a cabo con la finalidad de ‘justicia en la tenencia de la tierra, justicia en los campos y en las zonas urbanas, educación y trabajo digno con remuneración a la altura de las mínimas necesidades’?

Apostilla 1: Las Farc, cobardes y solapadas, disimulan con llamados a la ‘justicia social con igualdad’ que su objetivo es imponer en Colombia un régimen comunista. Marx y Engels, bastante menos ladinos, en el ‘Manifiesto Comunista’ afirmaban taxativamente que los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos.

Apostilla 2: Quien quiera conocer la historia del asesinato de Troski y de paso reflexionar sobre la perversión de la gran utopía del siglo XX, es decir el comunismo en ejercicio y no en teoría, va a disfrutar enormemente leyendo el libro de Salvador Padura, “El hombre que amaba los perros”. En esta magistral obra, Padura desenmascara el salvajismo de los bolcheviques, su crueldad rayana en el sadismo, su ignorancia sobre la psicología del pueblo, y el hecho que los comunistas realizan un experimento asqueroso con el mismo pueblo que dicen defender y representar.

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