Por: Marcela Lleras

País enfermo

LA CACERÍA QUE ACABÓ CON PEPE, el hipopótamo fugado con otros de la hacienda Nápoles, que fue de Pablo Escobar, es un síntoma más de lo enfermo que está el país.

Cazado por orden de Corantioquia y con el aval de Minambiente, lo mataron en junio, pero como quienes dieron la orden debían tener conciencia de verrugosa, todo fue solapado hasta que salieron fotografías del animal muerto y un poco de soldados posando con “carita feliz”. El director de Corantioquia dijo que habían contactado reservas naturales y zoológicos para que los recibieran y que las respuestas no fueron positivas; que había peligro de transmisión de enfermedades de los hipopótamos; que la gente de la región estaba aterrorizada. Los habitantes de la región lo negaron y además dijeron que les habían asegurado que solamente lo iban a sedar para trasladarlo. Todo es un gran enredo y mentira de los funcionarios públicos (la mentira ahora es política de Estado). ¿Por qué cuando se les escapó la información y se volvió noticia, varias entidades se ofrecieron a adoptar los animales? Hay que pagar el traslado de los hipopótamos, que no es barato y toma tiempo, pero si se hacen las cosas como toca, ¿no es mejor que solucionar el problema a bala? Ahora bien, pidieron la cabeza del Ministro del Medio Ambiente por el hipopótamo, pero yo pienso que se les fueron las luces. La verdad es que se han cometido atrocidades mucho más graves para el medio ambiente, al dar licencias de explotación de terrenos a multinacionales, quién sabe con qué clase de retribución.

En este país los funcionarios públicos hacen chancucos, se llevan vidas humanas de por medio y ahí siguen tan campantes en sus puestos y nadie dice nada. Es porque el país está enfermo. Quiero que se entienda que no estoy en ningún momento dándole más importancia a la matanza del hipopótamo que a otras barbaridades. ¿Dónde se dejan los millones de desplazados que sufren la ineficiencia de Acción Social; los crímenes cometidos por agentes del Estado; las 21 mil víctimas de los paramilitares asesinadas de la manera más macabra, con motosierras y quemadas; los secuestros, asesinatos y masacres de la guerrilla, los bebés que se mueren de inanición, la aterradora limpieza social?

Sí, es un conjunto de síntomas, una sinergia enfermiza que hace parte de la terrible enfermedad de corrupción, violencia y mentira que absorbió la mente y el alma de los colombianos. Todo aquí se está solucionando con violencia, con sangre, a bala, con amenazas a la integridad personal. Por ejemplo, a los periodistas opositores del Gobierno les escriben en sus foros toda clase de obscenidades y amenazas de muerte, hasta les llegan sufragios. Aparentemente nadie se escapa de eso. Ni los que están en la oposición, ni los que determinan cuál es el opositor. ¿No dijeron los niños hijos del presidente Uribe que en Facebook habían amenazado de muerte a Tomás? Me pregunto: ¿Es o no Colombia un país enfermo?

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