Por: Felipe Zuleta Lleras

País enfermo

Los colombianos hemos perdido nuestra capacidad de asombro como consecuencia de la locura de país en el que nos ha tocado vivir. El exceso de malas noticias pareciera no tener fin pues cuando no hemos acabado de digerir una llega la otra que resulta ser peor que la anterior.

Acá pasamos del escándalo de las chuzadas y la exdirectora del DAS, a la masacre de los niños en Caquetá, a la decisión de la Corte sobre adopción, a la mamá que degolló a sus hijos y a la muerte de un actor en pocos días. Y pasan los días y nos vamos insensibilizando cada vez más. Tenemos la capacidad de olvidar lo malo, como las madres olvidan el dolor del parto y deciden tener más de un hijo. Es como si la mente fuera borrando las cosas malas para permitirnos seguir viviendo el día a día en medio de la catástrofe.

 No he logrado dilucidar si esto es bueno o es realmente malo. Si lo mejor es borrar y olvidar para pasar a la siguiente mala noticia o, en su defecto, este es solo un mecanismo de defensa para evitar que por cuenta de todo lo malo que le pasa al país, acabemos más sicóticos de lo que estamos, como país y como sociedad.

Colombia merecería un estudio especializado de un grupo de siquiatras que estudien nuestros comportamientos frente al fenómeno de la indiferencia y apatía que parece gobernar nuestras actitudes frente a los crímenes en contra de los niños, los asesinatos por venganzas, la desconexión de los políticos con el país, las mentiras oficiales, los malos gobiernos, los robos al erario, la corrupción de las cortes y, por último pero no por eso menos importante, la existencia de toda clase de bandas criminales y terroristas.

Por eso también cualquier cosa importante que se diga, como la propuesta del expresidente Gaviria de hacer una justicia transicional en donde quepan todos, para alcanzar la paz, queda rezagada en medio de las malas noticias.

 La sociedad colombiana está enferma, necesita un tratamiento urgente, pues de lo contrario Colombia nunca será viable. Espero que no sea demasiado tarde pues, como percibo las cosas, observo que hemos alcanzado un grado tal de locura colectiva que hemos llegado al punto de no retorno.
 Por todo esto es que no creo en los políticos, ni en la iglesia, ni en las cortes, ni en la mayoría de nuestras instituciones, cuyos miembros, todos y cada uno, tienen unas agendas que solo los benefician a ellos. Quienes toman las decisiones por nosotros son en su mayoría ineptos, o corruptos, o embaucadores, mentirosos, manipuladores y descarados. Pero eso no les importa pues al final ellos son los que tienen el poder, no para hacer que las cosas nos mejoren, sino para lucrarse o satisfacer sus ambiciones personales; y los demás, que nos jodamos.

 Y sí, nos vamos a seguir jodiendo mientras no reaccionemos contra este estado de cosas, pues, como el cáncer, o extirpamos el mal o este nos mata. Mientras tanto seguiremos como país padeciendo una enfermedad que acabará, fatalmente, aniquilándonos.

@FZuletalleras

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