Por: Fernando Araújo Vélez
El caminante

Palabras

Hay palabras que curan y salvan, y palabras que condenan, que hieren y matan. Hay palabras que se dicen, se escriben y quedan, permanecen, que son memoria y construyen la memoria que muchos han querido borrar. Hay palabras sagradas y palabras profanas, y entre ellas se cuelan las calumnias, imposibles de borrar, por muchos perdones que pidas y muchos golpes de pecho que te des. Hay palabras que se deslizan por debajo de tu puerta, como serpientes, y como serpientes, muerden a los amigos y a los enemigos y a los indiferentes, porque esa es su naturaleza. Hay palabras de éxito, que como el éxito, son mentirosas, y como los halagos, te desvían de tu camino. Hay palabras graves, agudas, esdrújulas y sobreesdrújulas, metidas en los diccionarios por decenas de miles, que pretenden explicar lo que significa todo, convenciéndote de que todo es lo que está allí, y que por fuera de sus definiciones no hay nada.

Hay palabras pasadas de moda, como lealtad, compañerismo, lucha y dignidad, que desaparecieron como palabras, como concepto, como acción, como valor, y no nos dimos cuenta. Hay palabras tímidas, que se disfrazan de modestia aunque en realidad sean de desprecio, y rimbombantes palabras muy sonoras, muy coloridas, cultas y académicas que no dicen nada más allá de la prepotencia de quien las dice. Hay palabras que son silencios, y silencios que gritan. Hay palabras que son solo ruido: atormentan, engañan, confunden. Hay palabras legales que no son justas, y palabras usadas, manoseadas, prostituidas, como justicia y paz. Hay palabras rastreras que se pronuncian a tus espaldas, y palabras que son caretas, una fórmula y nada más, que en ocasiones algún poeta vuelve poesía y a un “qué hay de tu vida”, responde “como si yo tuviera de eso, como si yo todavía usara eso”.

Hay palabras que valen por mil luchas armadas porque son cuchillos, balas, ráfagas de metralla, bombas, y hay palabras que nos devuelven la fe en que la palabra es la más letal de las armas, como dijo alguna vez Álvaro Fayad. Hay palabras que te vigilan y te persiguen. Hay palabras que anhelas, que buscas y que al tiempo te destruyen, como te amo, y otras que te convidan a creer en algo y a morir por ellas y lo que representan.

 

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