Por: Armando Montenegro

Palabras del 2018

Así como con el ascenso de Trump y el brexit la palabra estelar fue posverdad, las expresiones destacadas en este año se refieren a preocupaciones y dolencias de las personas originadas en su permanente interacción con la tecnología. Según el diccionario Cambridge, la palabra de este año es “nomofobia”: el “miedo irracional a dejar olvidado el teléfono celular”, una pequeña gran tragedia en la vida diaria de millones de personas (“nomo” es una sigla que se deriva de “no mobile phone”), una angustiosa experiencia, semejante, tal vez, a la que sufren los adictos que temen verse privados de las sustancias que los esclavizan.

Una de las palabras destacadas por el diccionario Oxford en 2018 fue “incel”, un acrónimo formado con las primeras letras de “involuntariamente célibe”. Con esta expresión se rotula a aquellas personas que, a pesar de sus deseos, y a veces durante toda su vida, no tienen relaciones sexuales o, si es que las tienen, solo ocurren con una frecuencia dolorosamente escasa. Los incels suelen ser hombres solitarios e inseguros, usualmente blancos, formados en ambientes patriarcales y machistas, misóginos, intimidados por las feministas, incapaces de mantener alguna cercanía con las mujeres. Es común que estos sujetos recurran a la prostitución, a la pornografía en internet y a otras prácticas solitarias. Algunos de ellos, resentidos y amargados, han protagonizado las balaceras que han sembrado el terror en colegios, bares y plazas de Estados Unidos.

En Colombia hemos sido menos creativos en eso de acuñar nuevos términos. Una excepción es “mermelada”, una feliz expresión que germinó y creció abonada con la venalidad y el creciente desprecio hacia los políticos. Usada inicialmente para otro propósito por el exministro Juan Carlos Echeverri, el nuevo término pronto se convirtió en el perfecto comodín para describir algunas transacciones situadas cerca de la frontera entre la corrupción y la legalidad: variados intercambios de favores entre el Poder Ejecutivo y el Congreso. Por este motivo, con las políticas del presidente Duque, se dice que algunos parlamentarios ahora están desenmermelados y, si el primer mandatario utiliza este producto para conseguir alguna gobernabilidad, se hablará de reenmermelados y, en ciertos casos, de neoenmermelados.

En la época de los debates electorales de este año se difundió en las redes sociales el término “peinar” para describir el hecho de que un candidato ganara ruidosamente una discusión y, en medio de aplausos y rechiflas, achantara a su opositor.

The Economist comenta que el Oxford Dictionary también destacó este año la palabra “tóxico”, referida a personas y a ciertas interacciones entre ellas. Ahora se habla de amores e influencias tóxicas, y de machismo, homofobia o lagartería tóxicos. Los bogotanos de antes ya utilizaban la palabra tósigo, pariente cercana de tóxico, para definir a la gente que luego denominarían “inmamable”.

Hablando de corrupción, los medios repitieron, una y otra vez, que se “compulsaron copias” de un expediente a algún organismo de la justicia, pero siempre quedó la duda de si esto quería decir que conoceríamos la verdad o si, como siempre se teme, esto no sería más que la antesala de la impunidad definitiva (en este caso, “compulsa de copias” sería una especie de sinónimo de “investigación exhaustiva”).

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Armando Montenegro

Contra el terrorismo

Mermelada constitucional

“Roma”

Listos para la próxima…

Ojo con la economía