Por: Lorenzo Madrigal

Palabritas mágicas

SERÍA BUENO DEJAR DE LADO CIERtas palabritas mágicas. Golpeado el uribismo en sus pretensiones de perpetuidad, me pregunto por qué los candidatos presidenciales, que fueron oposición, insisten en hacer méritos con la fraseología gastada del presidente del octenio (neologismo).

La “seguridad democrática”, es el primer ejemplo, ¿habrá que seguirla llamando así? Avances ha habido en seguridad, pero no todo ha sido tan democrático. Se abusó del poder; se desató una labor indebida de inteligencia policial; se incurrió en inicuos crímenes de Estado al asesinar a humildes muchachos, convertidos en falsos positivos de acciones militares; se prolongó el período de mando en beneficio del gobernante; se pretendió generalizar el servicio de salud, para dejarlo expósito e inalcanzable en costos y trámites.

El nombre para lo que es una obligación del Estado —la seguridad— bien puede ser otro o no ser ninguno. Sin necesidad de apelar a tétricos vocablos como el de “Seguridad Nacional”, que recuerda la ominosa dictadura argentina, se la podría bautizar de otra forma, si fuere el caso. Cada alcalde manda en su año.

Que un personaje como Uribito siga cultivando esa fraseología del inmediato pasado, que él sueña con prolongar, vaya y venga, así como aquello de la “confianza inversionista” y la incomprensible “cohesión social”, que finalmente nadie entendió y hoy el propio Presidente la ha cambiado por “política social con resultados” (vaya).

Pero otros candidatos de hondo calado como Germán Vargas Lleras no tienen por qué acentuar, por medio de palabras tomadas del mercado del usado, nexos con el uribismo, que no tiene ni los tienen con él. No le ocurra —al nieto de la estatua latosa de la Jiménez— lo de la tonada española, claro que en masculino: “por querer a quien no quiere lo llaman el malquerido”.

Ni tampoco Noemí debería afectar su cercanía con el jefe que la hizo embajadora y la alejó por años del país. Los adictos noemiístas (mejor que noemicistas, pues ella no se llama Noemice) le agradecerán a la candidata que les renueve el rótulo que define la seguridad, para seguir blindando carreteras y defendiendo al país desde helicópteros artillados (cuando no están helicoportando a familiares de ministros). Nombres hay: “Paz ciudadana”; “Justicia y paz”, ¡ah, no!: “Defensa, recuperación y preservación del territorio” (lo primero que ocurra).

Démosles un adiós, así sea pasajero, a Uribe, a sus Uribitos, a sus Obdulios y Fabios, a sus Roys y renovemos, al menos, la terminología. Si se evitó una dictadura, no hay para qué conservar el tufillo de lo que ya pasó, con la transitoriedad de todo (“Panta rei”, decían los griegos), ni rendir culto a una personalidad que se aleja.

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