Por: Olga Lucía Barona

Palpitan los corazones rojos

Hacía 37 años que Independiente Santa Fe no estaba tan cerca de la estrella.

Hubo alguna que otra ilusión y alguna que otra desilusión, como aquella del gol de Wílder Medina, pero en aquella ocasión el baldado de agua fue en la semifinal. Pero con el empate de anoche en la ciudad de Pasto, sin duda que los corazones rojos palpitan con mayor aceleración.

Claro, quedan 90 minutos y hay que jugarlos, pero lo cierto es que los cardenales ya están en la puerta del cielo. Tal vez el domingo, en El Campín, habrá que manejar la ansiedad, pensar que no podrán contar con Gerardo Bedoya ni Germán Centurión, y ver de qué manera se recupera la finura que anoche perdió su figura Ómar Pérez. Pero los hinchas cardenales tienen la licencia abierta para sacar de los cajones la polvorienta estrella roja que tenían guardada hace más de tres décadas.

Sería, sin duda, un premio para una sufrida afición y un equipo de obreros que vino de menos a más en este campeonato; un premio para una junta directiva —encabezada por César Pastrana— que se la jugó con los de casa, y un premio para un joven técnico, que como Wilson Gutiérrez demostró que no se necesita protagonismo, sino un trabajo serio, sobre todo, de sentido de pertenencia. Y un premio para el fútbol bogotano que desde el título de Millonarios, en 1988, no celebra el máximo título.

Ahora, a jugar el partido final, a ratificar en casa por qué son los segundos de la reclasificación y el equipo más goleador del campeonato. Porque, ¡ojo!, que en la puerta del horno se puede quemar el pan.

Olga Lucía Barona T.

 

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