Por: Nicolás Rodríguez

Papa 2.0

La Iglesia se moderniza. Al Papamóvil verde que diseña Mercedes Benz, libre de emisiones, como ordena ese otro mandamiento tardío que hizo de la contaminación un pecado más (diferente del de la gula que supone la cuenta de cobro de Mercedez Benz), se agrega ahora el tema de las redes sociales, que ya fueron bendecidas.

Por ello trinó el Papa desde un iPad: "Queridos amigos, acabo de lanzar News.va. ¡Alabado sea nuestro Señor Jesucristo! Con mis oraciones y bendiciones, Benedictus XVI". Una forma bastante actual, dirán algunos, de llegarle a la juventud. Pero también una provocación (y no solo por el lenguaje abiertamente empresarial, de mercachifle) frente a la cual cabe retomar lo que uno que otro maestro del aforismo tendría para responder.

Ahí está, para empezar, Lichtemberg, cuando afirma que “por más que en ellas se predique, las iglesias siguen necesitando pararrayos”. Contundente, como siempre. Y está este otro: “en el mundo, los Santos han logrado más en escultura que vivos”. (O: “Sí, las monjas no sólo tienen un estricto voto de castidad sino también fuertes rejas en sus ventanas”).

Como quien dice que el Papa y sus consejeros deben esforzarse un poco más. Para estar a la altura de Stanislaw Jerzy Lec (“El que busca el cielo en la tierra se ha dormido en la clase de geografía”), no basta con una apología de los avances tecnológicos.

Por el contario, el contenido del mensaje importa. Claro, nadie espera que demuestren la presencia de Dios en 140 caracteres. Lo que no se logró en la Biblia… Por lo demás, ya lo dijo Millor Fernandes: “Si Dios me da fuerza y salud, pienso probar que no existe”. En otras palabras, con la pura propaganda no se seducen ateos. Ni siquiera indecisos. Más bien pierden seguidores.

Y antes que el contenido, la forma, pues se puede gritar cualquier cosa (“¡Alabado sea nuestro Señor Jesucristo!”), pero el chiste, la magia, está en el tonito (Lec: “Sobre el cuello de una jirafa la pulga empieza a creer en la inmortalidad”).

Es más, de pronto a lo que se expone el vaticano con su afán de no quedarse atrás es al ridículo. Preguntas capciosas, si a eso vamos, es lo que hay. “¿Qué le pasa al diablo, insiste Lec, cuando deja de creer en Dios?"

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