Por: Beatriz Miranda

Papa Francisco, el peregrino de la Paz

El primer Papa Latinoamericano proviene de las tierras del fin del mundo, tiene entre sus mejores amigos a un rabino, es amante del tango e hincha fervoroso del Club San Lorenzo de Almagro. Con su espontaneidad y una humildad sin par,  el Pontífice  ha demostrado una extrema capacidad de ubicarse en la sutil frontera entre lo humano y  lo sagrado, provocando admiración y respeto de feligreses y ateos.

Es recordado en su natal Argentina por su sencillez, bondad y preocupación con los excluidos; como el arzobispo que lavaba los pies de los sufridores en los Jueves Santos o  el Jesuita que siempre creyó que la Iglesia debería ir a las fronteras de la exclusión, de la pobreza, de los que están más alejados de Dios, ser la voz de los que no la tienen.

Desde su llegada al Vaticano, en 2013,  con el objetivo de  liderar una de las instituciones más jerárquicas, conservadoras, tradicionales y estáticas  del mundo, el Papa ha roto paradigmas milenarios  de la Iglesia. Roma ha salido de su aparente neutralidad y el Papa Francisco desde la plaza de San Pedro, en las periferias de Roma, o en sus viajes internacionales peregrina, sin pausa,  por un mundo mejor.

Su viaje a Colombia será el sexto a América Latina. Su primera visita fue a  Brasil   en 2013, durante la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud en Rio de Janeiro. Posteriormente, estuvo en   Ecuador, Bolivia, Paraguay y Cuba en 2015, México 2016 y se espera que en 2018 visite a Chile y Perú.  

A pesar de su discurso universal, sus palabras no se separan del Sur del Mundo, lo que algunas veces puede ser interpretado como un discurso anti establecimiento, motivo por el cual ha sido ubicado en las más distintas categorías: santo en el desierto, profeta, revolucionario, Papa del Nuevo Mundo y hasta hereje.

Sus pronunciamientos se refieren a las necesidades de la mayoría de la población mundial: tierra, derecho y justicia para todos. Reivindica un cambio de estructuras para que la vida sea digna, ve a los movimientos sociales como sembradores de cambio y defiende la madre tierra. Además, profesa por una alternativa humana frente a la globalización de las diferencias.  

Considera que la base del terrorismo emana del poder global del dinero sobre la tierra, lo que atenta sobre la humanidad entera, y que  de ahí  se desprende el narcoterrorismo, el terrorismo de Estado y étnico y sus demás derivaciones. Para él la “La guerra es madre de toda pobreza, una gran depredadora de vidas y almas” y hacer la paz es acordarse de los que están  al costado del camino, lo que  ha justificado su postura  a favor de la paz y de la integración de los pueblos, lo que ha hace que Colombia haya estado siempre presente en sus oraciones, con especial cariño.

En innumerables ocasiones, se pronunció a favor de la firma de un acuerdo de paz entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – FARC-EP y el Estado Colombiano. En septiembre de 2014, el papa recibió a las víctimas y victimarios de la guerra colombiana y en su gira por Ecuador y Bolivia  solicitó oraciones  por una Colombia libre de enfrentamientos. 

En junio de 2015, recibió al presidente Juan Manuel Santos en la Ciudad del Vaticano, en audiencia privada, cuando el mandatario afirmó “necesitar de su apoyo, su iluminación para que este proceso salga adelante.” En aquella ocasión, el Pontífice reiteró que haría lo posible para terminar con este enfrentamiento.

Cómo no acordarse de su  discreta y contundente actuación  en lo que se refiere a la reaproximación de Cuba y  Estados Unidos, uno de los contenciosos más significativos del continente  y de  la premonitoria respuesta de Fidel Castro en una rueda de prensa internacional  en 1973, después de su regreso de un viaje al sureste asiático, cuando el periodista inglés Brian Davis le hizo la siguiente pregunta: “¿Cuándo cree usted que se podrán restablecer las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, dos países tan lejanos a pesar de la cercanía geográfica?”. Fidel en un tono irónico contestó: “Estados Unidos vendrá a dialogar con nosotros cuando tenga un presidente negro y haya en el mundo un papa latinoamericano”.   

Sin embargo, en el camino del Papa, que quiere transformar estructuralmente la Iglesia de Pedro, no todo son flores. El ala conservadora del mundo implementa una fuerte oposición al Papa Francisco desde el punto de vista teológico, institucional y político, con la finalidad de disminuir el grado de influencia de su ejemplo.  

Resta saber si el Papa, del “fin del mundo”, conseguirá driblarla al mejor  estilo de Messi con el fin de  lograr  uno de sus mayores retos: Rescatar la credibilidad de la Iglesia y vencer el escepticismo y la desconfianza  de sus propios pares en los que se refiere a sus propuestas de Reforma.

Hagamos lo que siempre pide después de cada intervención: Recemos por él,  para que  así sea.

Qué los Ángeles digan Amén.

El mundo lo necesita.

 

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