Por: Uriel Ortiz Soto
Comunidad y desarrollo

Papa Francisco: mensajero de paz, reconciliación y esperanza

Las huellas y la imagen del papa Francisco, en su visita pastoral a Colombia, quedarán para eterna memoria en el corazón de los colombianos; hay que felicitar de manera especial y solidaria a quienes fueron sus promotores y realizadores, no hubo el más mínimo detalle desagradable.

Desde que arribó al aeropuerto de Catam, todo fue sencillez y sobria elegancia, todo el mundo se sintió complacido con la organización de los diferentes actos realizados en las cuatro ciudades que visitó.

Todo fue tan hermoso, oportuno y espontáneo que la fe del pueblo católico quedó más que posicionada en los altares de las creencias religiosas; muchas veces estos acontecimientos no tienen el sabor del espíritu religioso, puesto que se excluyen ciertos sectores de la sociedad, por consiguiente, estuvo muy bien que se hubieran abierto las puertas para que todo el mundo participara.

Queda plenamente comprobado que el papa Francisco en su visita pastoral trajo a todos los colombianos una mensaje de paz, de reconciliación y de esperanza; vino a sembrar la semilla de la fe, que muy seguramente se va a convertir en los frutos de una cosecha que perdurará para siempre.

Cuando varias de las víctimas en su presencia relataron los horrores de la guerra vivida en diferentes regiones de la patria, durante más de 50 años,  con muertes, masacres, desplazamientos y violaciones a bordo, al sumo pontífice por poco se le vienen las lágrimas, fueron relatos crudos y crueles que hieren los sentimientos del más rudo ser humano.

Pero lo más escalofriante de la jornada fue la del viernes en la mañana por la hora de la verdad, cuando un general de la república con lista en mano mencionó todos los sacerdotes y obispos que han sido asesinados por las Farc, aleve y cobardemente en diferentes circunstancias; son cientos entre obispos y sacerdotes masacrados por los grupos guerrilleros, muchas veces cuando se encontraban celebrando los santos oficios.  

Con la visita pastoral del papa Francisco podemos decir que se abre un camino de esperanza y reconciliación, pero debe quedar muy claro que los crímenes atroces, de lesa humanidad, deben tener el camino de la jurisdicción ordinaria, es decir, que el perdón y la reconciliación pueden existir, pero sin violar los derechos fundamentales de las víctimas a reclamar pronta y cumplida justicia, y a ser resarcidas en sus daños y perjuicios. 

Otro aspecto que merece profundo reconocimiento con la visita pastoral del papa Francisco fue el encuentro con los jóvenes, no solamente en Bogotá, sino en Medellín, donde les habló muy claramente sobre cómo debe ser su futuro: los instó a soñar pero en alto, sin que le tengan temor al futuro; estas palabras son bien importantes, puesto que en todas las regiones de Colombia existen jóvenes sumidos en las drogas y el delito.

El otro aspecto fundamental que marcó la venida del papa fue el encuentro con los niños, dio a todo el mundo muestras de pulcritud y de grandeza, enseñándonos a comportarnos con los niños, puesto que en nuestro país no pasa un día sin que ocurran hechos que lamentar, niños asesinados, violados, maltratados o sometidos a los más crueles trabajos a su muy corta edad.

En verdad que aún nos queda por asimilar el mensaje y personalidad del santo padre, que definitivamente se robó el corazón de los colombianos, de los creyentes y no creyentes, puesto que fue una visita pastoral como realmente debe ser: como representante de Cristo en la tierra.

Esperemos pues que tan prodigiosa venida sea aprovechada por quienes tanto maltratan a nuestro país, a través de los odios, venganzas y rencores, pero sobre todo los que no tienen escrúpulo para robárselo con diferentes artimañas.

Sin embargo, el caso de la justicia que a todos los avergüenza ha debido tocarse con mayor profundidad para escarnio de quienes son los autores y promotores de semejante debacle nacional.  

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