Por: Cartas de los lectores

Para Andrés Hoyos

Totalmente de acuerdo con lo que plantea usted en su columna "Indolentes", en El Espectador de ayer.

Norma lo hizo muy bien durante los años que fue la gran editorial literaria nacional, pero parece que ellos validan la tendencia que dice que lo que bien funciona debe acabar. La cultura nunca ha sido prioridad ni para el Estado colombiano, ni para los gobiernos y gobernantes, ni para los empresarios ni para nadie.

Sólo aparece cada cuatro años en las diarreicas promesas electoreras de los candidatos de todas las pelambres hambrientos de votos. Los colegios no incentivan la lectura ni el amor por los libros. Las universidades son el emporio de la fotocopia y las pocas bibliotecas existentes, reciben tan poco apoyo y pírricos recursos que no llegan a la gente que quiere leer y culturizarse. Lamentable también la posición que denuncia usted de los medios: silencio cómplice, cero promoción y divulgación, poco compromiso. Y con el avasallamiento de la tecnología, los áipads, las llamadas tabletas y los áifons que son la obligación y la moda, los libros ya parecen una vergüenza.

Soy docente y algunas cositas inacabadas he escrito, y en el día a día veo a mis estudiantes con audífonos en los oídos y dedos aporreando teclas, pero nunca se les ve un libro en la mano. El futuro cultural, intelectual y pensante se ve sombrío. Ojalá alguien en instancias de poder lea sus lúcidas palabras.

Mario de Castro. Cali.

La “odioterapia” es universal

Los congresistas que modificaron la ley que penaliza toda discriminación en Colombia no están haciendo nada nuevo. Ya existía, lo único era adicionar lo de la homofobia. “A nadie se podrá discriminar por su credo, raza...”. Todo empieza en la casa, pues las mismas familias discriminan a sus parientes. ¿Se podrá demandar al tío X, quien discrimina al sobrino Y? De niña estudié en un prestigioso colegio de monjas y no recibían niñas negras, pregunté el motivo y me suspendieron por altanera. La “odioterapia” en Colombia se aplica para todo, por eso la vacuna no existe, pues el virus es general. ¿Cómo diremos ahora, la Negra Grande de Colombia, o la Afro? ¿El Indio Rómulo o...? Crecerán las tutelas, con o sin razón, pues todos hemos sido discriminados en algún momento, y la aplicación jurídica que no es automática, tendrá tropiezos para hacer cumplir la norma. ¿Cambiará en algo la actitud de los seres humanos viciados por estos actos?

Helena Manrique. Bogotá.

 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Cartas de los lectores

Tres cartas de los lectores

Dos cartas de los lectores

Carta de un navegante por la educación