Por: Hernán Peláez Restrepo

Para creer

En esta avalancha de partidos de fútbol, en los que están involucrados equipos y selecciones nuestras, a veces no hay tiempo para disfrutar y soñar. Se gana y se pierde casi que por costumbre y solo se alcanza a degustar una victoria casi en los mismos noventa minutos.

El comienzo para la selección sub-20, en Polonia, ofrece diferentes apreciaciones. Los pesimistas de siempre recurrirán a la frase, por no decir sentencia: “Espere que jueguen más y quizás el triunfo resulte un espejismo”. Para los optimistas es ir hilvanando mentalmente la presencia en la final del torneo.

Ahora bien, para los realistas, ajenos a los cantos de sirenas y campanas, es haber dado un primer paso, en el que la suerte nada tuvo que ver. Ganó la selección, jugando en regiones próximas a lo espectacular. No solamente por la diferencia real de dos goles a favor, sino por los movimientos de un equipo que había sufrido muchísimo para clasificar. Casi que por la ley del arrastre, recurriendo a un término escolar.

El funcionamiento resultó plausible y agradable, porque los jugadores, sin excepción, estuvieron atentos, solidarios, sin tendencia a dormir o a esconderse. Tanto Vera como Arroyo, los laterales, supieron salir hacia el campo polaco, y empujaron a los extremos, donde Angulo, desequilibrante, resultó incontrolable para la tosca defensa local. La actitud de los tres delanteros, de estar viviendo en los últimos veinte metros del campo y cercanos al arco contrario, fue determinante para impedir la salida de la defensa y los volantes contrarios.

Es decir, la selección, con un pensamiento de equipo, con juego colectivo y vistoso por momentos, ejerció control total del juego, sin que el arquero Mier llegara a sufrir angustia alguna. A veces se recurre a las frases de cajón, como esta que habla del ser dueño del partido y de la pelota. Y así fue.

El próximo rival es la selección de Senegal, que también inició con victoria su andadura en el campeonato. Allí se enfrentará a un equipo más agresivo, futbolísticamente hablando, y de paso puede resultar el calibrador ideal del real poderío de este grupo, ordenado, orientado y con los papeles casi de memoria.

Como dice el dicho: ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre, pero lo justo es reconocer la mejoría en el juego y los conceptos de esta selección, comparada con la de la clasificación. Es una verdad de a puño en el fútbol la necesidad de la repetición de trabajos en el campo, para todas las líneas, hasta que se confirme el aprendizaje. Por eso, los polacos le tomaron la lección y la calificación fue excelente y, en plan de optimistas, ojalá el papel a cumplir resulte el mejor.

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