Por: Mario Fernando Prado
Sirirí

Para el día de san Blando...

Que no tiene cuando. Así quedó la realización de las obras viales para el desarrollo comercial del Pacífico colombiano con relación al universo asiático.

Según dice la ANI, las obras para terminar la carretera a Buenaventura solo se “adjudicarían” en el año 2020, lo que significa que solo se “iniciarían” en el 2021, lo cual constituye un golpe bajo a las importaciones y exportaciones de este país vía el maltratado primer puerto sobre el Pacífico de cara al mundo, por el llamado mar del siglo XXI.

Y no nos engañemos con estos futuros inciertos: la terminación de esta vía se metió en el congelador después de que nos juraron, sobre el mármol preelectoral, que tendría preferencia.

En esta doble calzada se presentó una caída de la banca que si no es atendida de inmediato puede significar que se hunda toda la vía y se paralice el tránsito. Pero esto no se ha tomado con la celeridad y la urgencia que se merece y, lo peor, este deslizamiento aún no se sabe —ni se sabrá— si fue por causas naturales o por culpa del anterior concesionario de la malla vial.

Aunque la ministra de Transporte, Ángela María Orozco, manifestó que la vía Mulaló-Loboguerrero se podrá —ojo: dijo “podrá” y no “podría”— empezar en el segundo semestre de este año, sobre lo cual hay incredulidad entre los dolientes usuarios.

Total de totales, la cenicienta de nuestras carreteras deberá esperar años y más años para su terminación y pronto completará medio siglo de haberse iniciado. Como quien dice y parodiando la canción: “Promesas, promesas, promesas, tan solo promesas hay entre los dos”.

Entre tanto, siguen los embelequeros soñando con Tribugá y el Gobierno dándoles pedal. ¿O es que en las altas esferas del poder lo que se quiere es joder a Buenaventura y asfixiarla para que fallezca lenta e imperceptiblemente? Casos se han dado y no sería esta la primera vez.

Posdata. ¿Al respecto, qué dicen las fuerzas vivas? ¿Estarán agonizantes?

 

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