Por: Gonzalo Silva Rivas

Para el mismo lado

La tendencia mundial de la industria turística se encamina hacia la regionalización.

Hoy en día la conformación de alianzas entre destinos para promoverse y mercadear sus atractivos resulta más común, rentable y exitosa, que aquel solitario trabajo de invertir recursos y echar el cuento de manera individual, salvo que se disponga de un producto suficientemente reconocido dentro del mercado.

Jerusalén, Roma y Santiago de Compostela son aliados en un célebre y concurrido circuito de peregrinación religiosa, y Cuba y México comparten turistas en paquetes conjuntos que integran su oferta patrimonial. Hace un par de años Bogotá suscribió un acuerdo con Cartagena y Caldas para aunar esfuerzos en la promoción, venta y aprovechamiento de sus principales fortalezas turísticas, convenio que al parecer no tomó forma, bien por falta de presupuesto o de emprendimiento de alguna de las partes.

Cartagena, sin embargo, siguió metiéndole el hombro al tema y en la búsqueda de socios para complementar su oferta encontró en su propio patio interesantes alternativas turísticas, impulsadas por el departamento. Se trata de Palenque, Mompox, San Juan de Neponuceno, San Jacinto y Santa Catalina, cinco bellos municipios aledaños en los que se trabaja para el mejoramiento de su infraestructura pública y que buscan presencia dentro de la industria. Con el arranque del caribeño circuito, Bolívar empieza a consolidar una región turísticamente competitiva y sostenible.

Esta nueva alianza consolida la imagen de la Ciudad Amurallada como el primer destino turístico del país y amplía sus opciones comerciales tanto en el portafolio local como en el internacional. El arte de mezclar la magia de la Heroica con la historia palenquera, el patrimonio arquitectónico momposino, los cuenteros de San Juan, las artesanías de San Jacinto y las playas de Galerazamba, junto al volcán del Totumo, en Santa Catalina, permite moldear un producto turístico de variadas peculiaridades y gratas experiencias, que tiene con qué estimular la llegada de viajeros y alargarles su estadía en la ciudad. Su cercanía y la facilidad de recorridos y conexiones apuntan hacia una bien lograda propuesta que combina historia, cultura, naturaleza y esparcimiento.

El trabajo sincronizado para la consolidación de una oferta complementaria de servicios turísticos entre Cartagena y Bolívar, liderado por sus oficinas de turismo –Corporación Turismo Cartagena de Indias e Icultur-, sumado a la buena disposición y al compromiso del sector privado, es una parte del proceso. Otras decisiones, como reducir la escandalosa tasa aeroportuaria a los pasajeros internacionales de US$92 a US$38; incrementar la conectividad aérea al exterior; expandir la oferta hotelera; consolidar el turismo de cruceros, e implementar obras públicas, entre ellas la ampliación de la pista del aeropuerto de Mompox y la pavimentación de carreteras que cruzan los municipios priorizados para la estrategia promocional, son frentes de avance adicionales que dan la sensación de que por aquellos lados se adelanta una gestión pública que tiene el foco bien dirigido hacia el posicionamiento de su producto turístico.

Promover el turismo como bloque territorial resulta un buen negocio en estas épocas de alianzas. Maximiza la inversión, genera mutuas cooperaciones y solidaridades y crea sinergias entre los participantes, lo cual potencia una mejor utilización de los recursos. La llegada de más turistas a la región repercutirá en el desarrollo económico y en el nivel de vida de la población.

La unión turística de capital y departamento encuentra un horizonte despejado, que les permitirá acreditarse como destino de moda, siempre y cuando todos sigan remando para el mismo lado.


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